Historias del Concilio pretende dejar testimonio de veinte años de dados y rol.

En 1991 compré mi primer juego de rol. Fue El Señor de los Anillos, el juego de rol de la Tierra Media, traducido, publicado y distribuido en septiembre de 1989 por la editorial barcelonesa Joc Internacional. Era un libro de “tapa dura” con una ilustración de Angus McBride en la portada. Desde entonces y hasta hoy han pasado por mis manos literalmente docenas de manuales y entre mis amigos y yo hemos hecho rodar, literalmente, decenas de miles de dados de múltiples caras.

En 2011 hizo veinte años de nuestra primera partida y, puesto que ahora apenas si tenemos la oportunidad de quedar un par de veces al año, decidí embarcarme en el proyecto de rescatar algunas de las historias que durante este tiempo he compartido con ellos para, tras darles un formato digno, compartirlas con quien quiera leerlas. Me he propuesto publicar una aventura o módulo cada trimestre alternándolos con otras entradas sobre mi pasado, y escaso presente, como jugador y director de juego. Algunos de los módulos serán algo viejunos. Los hay bastante elaborados y otros muy sencillos. Más largos y completos o meras escenas, casi eventos para una partida rápida. Si alguien se reconoce en una de estas historias, gracias por haberlas jugado conmigo y bienvenido.

14 abril 2013

Clásicos del Concilio - Sink the Triptiz - Comandos de Guerra


El 15 de octubre de 1944 el acorazado Triptiz recorrió los 370 km que separan el fiordo de Alta de la isla de Håkøy, en las proximidades de Tromsø. Allí la nave debía ser preparada para su nuevo rol de plataforma de artillería flotante: su fuel fue limitado sólo al necesario para proveer a los turbogeneradores y la tripulación quedó reducida a 1600 oficiales y marineros.

El 29 de octubre de 1944 la RAF hizo un nuevo intento por terminar con el acorazado. Era la novena misión organizada con el único objetivo de hundir el Triptiz. Ese día se puso en marcha la operación Obviate y 32 Lancaster atacaron al acorazado con bombas Tallboy. Pese a que los proyectiles de fragmentación de 380mm del Tirptiz resultaron ineficaces las baterías antiaéreas emplazadas en tierra obligaron a los bombarderos a actuar desde gran altura. La distancia a cualquier aeródromo aliado  a la que se encontraba el Triptiz impedía también que los Lancaster dispusieran de escolta alguna y la amenaza de los cazas del  III./Jagdgeschwader 5 emplazados en el Fliegerhorst Bardufoss, bajo el mando del Mayor Heinrich Ehrler, no permitía los bombarderos operar con buen tiempo pues hubieran resultado un blanco fácil para los Focke-Wulf Fw 190 A-3s de Ehrler. 

La operación Obviate ofreció como resultado un Lancaster derribado por fuego antiaéreo y un único impacto cercano sobre el Triptiz. La RAF y la Royal Navy habían invertido en los últimos siete meses una cantidad ingente de recursos en hundir el acorazado alemán y pese a ello este seguía a flote.

Decididos a acabar de una vez por todas con el Triptiz los mandos de la RAF y el alto mando británico programaron una nueva misión aérea para el 11 de Noviembre. Esta vez sin embargo los Lancaster actuarían a menor altura y sin esperar condiciones atmosféricas que mantuviesen en tierra a Ehrler y los suyos. El exito de tan audaz acción dependería en gran medida del desempeño del grupo de comandos que desembarcarían en el fiordo noruego de Malangen cinco días antes con la doble misión de inutilizar tantas baterías antiaéreas como les fuera posible y sabotear las instalaciones del Fliegerhorst Bardufoss para impedir que los Focke-Wulf Fw 190 A-3s pudieran intervenir.

Jugamos Sink the Triptiz hace ya más de una década. Aunque Comandos de Guerra nunca llegó a cuajar como reglamento ni ambientación este escenario, que necesitó de dos sesiones de juego, si consiguió captar el interés mis jugadores. Los comandos, tras desembarcar en un punto más alejado de Håkøy de lo inicialmente previsto debieron dedicar la primera noche a caminar por el abrupto paisaje nevado del norte de Noruega para, al despuntar el sol sobre el horizonte, descubrir al Triptiz anclado y bien protegido. El amarre del acorazado se había reforzado con la creación de un banco de arena bajo el barco para prevenir su escora , en el que todavía se estaba trabajando, y se habían instalado redes anti-torpedo.

Tal como estaba previsto esa mañana un aparato de observación sobrevoló la zona atrayendo fuego antiaéreo desde diversos puntos lo que permitió al grupo localizar el emplazamiento de la mayor parte de las baterías germanas en tierra.

La primera parte de la misión resultó provechosa quedando inutilizadas hasta tres de las baterías alemanas pero las acciones habían sido menos precisas y discretas de lo esperado lo que provocó que las guarniciones acuarteladas en la zona se pusieran en alerta. Durante un tiempo los germanos creyeron que los ataques eran obra de resistentes noruegos pero un encontronazo con una de las unidades que trataba de localizar a los saboteadores, resuelta con poco tino por los comandos, facilitó información suficiente a los alemanes como para identificar la verdadera naturaleza de la amenaza. Este incidente además inutilizó el equipo de radio de los comandos que a partir de entonces debieron actuar a ciegas. Esto sin embargo acabaría resultando beneficioso.

Tras un accidentado traslado hasta las inmediaciones del aeródromo de Bardufoss, situado a varios kilómetros al sur del lugar en el que el Triptiz estaba anclado. Los comandos inspeccionaron las instalaciones y rutinas del personal desde la distancia y planearon una acción para la noche del 10 de Noviembre con la idea de dejar fuera de servicio cuantos cazas fuera posible. La acción sin embargo resultó un fracaso pues el perímetro del aeródromo había sido reforzado tras los acontecimientos de los días anteriores y los comandos no pudieron aproximarse a la zona en la que estaban estacionados los Focke-Wulf Fw 190 A-3s ni ha los depósitos de combustible, que habían sido designados como objetivo secundario.

Resignados ante su fracaso los comandos esperaban ver aparecer a los Lancaster durante la mañana del 11 de Noviembre pero llegado el mediodía ningún bombardero británico había hecho acto de presencia. El ataque había sido retrasado al día 12 pero los comandos no habían podido ser informados al haber perdido su equipo de radio.

Desconcertados y dudando si dirigirse al punto de evacuación o realizar un segundo intento sobre Bardufoss el operativo británico sobre el terreno se replegó de nuevo hacía el norte acosados por las patrullas germanas. Al caer la noche, amparados en la oscuridad, descendieron de su refugio para tratar de conseguir munición y alimentos en la pequeña aldea de Rossvoll. Fue entonces cuando la diosa fortuna se alió con ellos. Tras conseguir algo de comida de los habitantes de la aldea el centinela situado al norte avistó dos pares de faros que avanzaban por la pista nevada. Se trataba de de un Kübelwagen que abría el camino a un camión Krupp-Protze.

Sin mucho tiempo para tomar una decisión el grupo decidió emplear sus últimos peines de munición en tratar de hacerse con el Kübelwagen con el que sin duda podrían avanzar más deprisa. La emboscada resultaó un éxito mayor de lo esperado pues el camión que seguía al pequeño Kübel resultó ser un camión radio Krupp-Protze Kfz.68 lo que les proporcionó un equipo lo suficientemente capaz como tratar de recuperar el contacto con sus superiores y averiguar que había ocurrido con el bombardeo. Sin embargo mientras trataban de manipular los equipos del Kfz.68 empizron a llegar mensajes radiados por diferentes observadores avanzados  germanos alertando sobre formaciones de bombarderos aliados que se aproximaban al sector. Los comandos improvisaron sus propios mensajes que no solo contradecían a los radiados por los puestos avanzados alemanes si no que incluso se contradiecían entre ellos. Tal caos confundió al mando del Fliegerhorst Bardufoss cuyos aviones tardrían más de lo normal en ponerse en marcha. Incluso cuando estubieron en el aire se vieron obligados a cambiar de rumbo varias veces debido a la información falsa radiada por los comandos.

A las 9:35, mientras los personajes seguían radiando información falsa, llegó hasta ellos el estruendo de las baterías antiaéreas entre las que erán claramente distinguibles los cañones de 380mm del Triptiz. 

Una fuerza de 32 Lancaster de los Escuadrones Nº 9 y Nº 617 arrojó 29 bombas Tallboy sobre el barco consiguiendo dos impactos directos y uno cercano. Otras bombas aterrizarón en la barrera de redes anti torpedo y produjeron enormes cráteres en el fondo marino que removieron el banco de arena construido para prevenir la escora del acorazado. Una de las bombas penetró la cubierta acorazada entre las torretas Anton y Bruno sin explotar, pero la segunda hizo blanco hacia el centro del buque, entre la catapulta de los hidroaviones y la chimenea, y provocó daños fatales, pues voló el lateral del barco y abrió un enorme agujero en el fondo de su casco; una sección entera del cinturón blindado junto al impacto de la bomba fue completamente destruida. El impacto en el centro del acorazado provocó una inundación y la rápida inclinación a babor de entre 15 y 20 grados. En diez minutos esta escora aumentó hasta los 30-40 grados, por lo que el capitán ordenó el abandono de la nave. La progresiva inundación aumentó la inclinación hasta los 60° hacia las 09:50, cuando pareció tabilizarse temporalmente, pero ocho minutos después una enorme explosión estremeció la torreta César. El techo de la torreta y parte de su estructura rotativa fueron arrojados a 25 m de altura y cayeron sobre un grupo de hombres que nadaban hacia la orilla. El Tirpitz rápidamente rodó sobre sí mismo y hundió su superestructura en el fondo del mar.

La Operación Catechism resultó un éxito pero para los comandos todavía había mucho que hacer. Alcanzar el punto de evacuación y dejar Noruega no iba a resultar tan sencillo.

Otros Clásicos del Concilio:
La Guerra del Fletán - Mutantes en la Sombra
Fugitivos - El Señor de los Anillos


 

01 abril 2013

El Ocaso del Indictor - Star Wars [D6]

He escrito El Ocaso del Indictor varias veces y con varios nombres. La primera vez que me puse a ello fue tras leer el módulo oficial Estrella Rendida. Nunca he sido un gran fan de los módulos oficiales de West End Games, excepto quizá de Cacería humana en Tatooine, pero tras leer Estrella Rendida decidí dos cosas: que no lo pondría en juego y que en esa historia de un grupo de personajes vagando por el interior de un Destructor Estelar en apuros había un argumento más que digno y que merecía ser aprovechado.
 
Como ya visteis en Vieja Guardia o Milicianos de Druwaith Iaur tengo cierta predilección por los textos que se desarrollan de forma paralela a las narraciones principales que han dado lugar a las ambientaciones. Esto se debe a que de esta forma los jugadores disponen de referentes inmediatos y es muy fácil hacer que se sientan involucrados y participes del argumento, incluso diría que importantes. Así pues ya desde mi primer intento con El Ocaso del Indictor trasladé al Destructor Estelar de Estrella Rendida a la Batalla de Endor y los rebeldes fugados pasaron a ser tripulantes de la maltrecha nave imperial pues otro de mis tics es emplear personajes jugadores del bando habitualmente considerado como menos virtuoso. El Indictor está a punto de ser destruido, acosado por la flota rebelde que ya ha acabado con la segunda Estrella de la Muerte, y sus tripulantes, entre ellos los personajes, deben hacer lo posible por salvar el pellejo.
 
Aquel primer intento lo planteé como un dungeon clásico. Tracé planos esquemáticos del interior del Indictor, con corredores y secuencias de salas y estancias cada una de las cuales situaba a los personajes ante un reto cuya complejidad crecía según avanzaban. Funcionó bastante bien. En el segundo intento añadí una trama sencilla al dungeon y el texto que os traigo hoy es el tercero que escribo sobre la misma idea. Tal y como he dicho la aventura gira alrededor de las dificultades que un grupo de tripulantes del Indictor deben acometer para sobrevivir a la catástrofe de Endor.
 
Tanto en El Ocaso del Indictor como en Viaja Guardia hay varias semillas de aventuras que alimentarán las secuelas El Rastro del Indictor I y II que publicaré en cuanto consiga darles un formato digno. Con esta ya son cuatro las aventuras para Star Wars [D6] disponibles en el blog sumándose a Comandante Kuntz, Traffic y Vieja Guardia. Como siempre agradeceré cualquier comentario, opinión o sugerencia. No considero estos textos como cerrados y siempre es posible añadir o corregir detalles si así resultan más interesantes.