Historias del Concilio pretende dejar testimonio de veinte años de dados y rol.

En 1991 compré mi primer juego de rol. Fue El Señor de los Anillos, el juego de rol de la Tierra Media, traducido, publicado y distribuido en septiembre de 1989 por la editorial barcelonesa Joc Internacional. Era un libro de “tapa dura” con una ilustración de Angus McBride en la portada. Desde entonces y hasta hoy han pasado por mis manos literalmente docenas de manuales y entre mis amigos y yo hemos hecho rodar, literalmente, decenas de miles de dados de múltiples caras.

En 2011 hizo veinte años de nuestra primera partida y, puesto que ahora apenas si tenemos la oportunidad de quedar un par de veces al año, decidí embarcarme en el proyecto de rescatar algunas de las historias que durante este tiempo he compartido con ellos para, tras darles un formato digno, compartirlas con quien quiera leerlas. Me he propuesto publicar una aventura o módulo cada trimestre alternándolos con otras entradas sobre mi pasado, y escaso presente, como jugador y director de juego. Algunos de los módulos serán algo viejunos. Los hay bastante elaborados y otros muy sencillos. Más largos y completos o meras escenas, casi eventos para una partida rápida. Si alguien se reconoce en una de estas historias, gracias por haberlas jugado conmigo y bienvenido.

10 noviembre 2014

Hijos del Dios Sol - Cultos - La Promesa

LA PROMESA
Un culto minoritario y considerado hereje durante largo tiempo en Kovan, la Promesa apenas contaba con algunos fieles y profetas antes de la llegada de la enfermedad. Pero la penuria y el hambre, la muerte y desesperación que la epidemia ha sembrado ha empujado a muchos a los brazos de esta creencia que promete una recompensa al sufrimiento en forma de paraíso celestial reservado a aquellos que creen, loan y adoran al creador único. 
 
La Promesa ha hecho desaparecer a los cultos paganos de los wayrurongo. Tan buen punto las reinas, asustadas ante la ruina que asolaba sus territorios, abrazaron sus enseñanzas en busca de una luz de esperanza que combatiera el dolor que parecía maldecir a sus hijos, sus súbditos las siguieron.
 
Unos pocos predicadores, mundanos y pobres, iluminados por un profeta ya desaparecido que según el credo predijo la llegada de la peste, pasaron en apenas unas estaciones a convertirse en depositarios de los anhelos de todo un pueblo. Pero su éxito también ha sido el origen de su cisma. No todos los predicadores hablan la Promesa con la misma voz ni loan al creador con las mismas palabras. Las disputas, las envidias y rivalidades han fraccionado a los fieles en docenas de cultos e iglesias cada una con su jerarquía y valores. Si bien todas comparten el mismo fundamento y algunos valores comunes los detalles del culto varían de uno a otro. A falta de un registro físico de las enseñanzas del primer profeta la interpretación de sus enseñanzas ha quedado al libre criterio de los predicadores.
 
De su oscuro nacimiento poco se sabe. El primer profeta aseguró haber sido elegido por el creador que se presentó ante él como una luz cegadora y le reveló el misterio de la vida, encomendándole también guiar a los pobladores de Entom hacia el paraíso que para aquellos dignos de tal llegaría tras su muerte.
 
La Promesa ofrece el paraíso a los que le sean fieles y condena al infierno a los que le dan la espalda. Todos los individuos están condenados si no demuestran su fe en el creador y sus preceptos. La oración, el rechazo de los ídolos paganos y la fe ciega en el único creador y su omnipotencia son las tres patas sobre las que se sustenta el credo.
 
CONGREGACIÓN DE LA VERDADERA PROMESA
Los más conservadores y estrictos de los fieles de la Promesa se agrupan alrededor del gran Koktenci, el sumo sacerdote de la Congregación de la Verdadera Promesa designado por el creador a través de sus ministros para guiar a su rebaño al paraíso de ultra tumba. El Koktenci se considera heredero de los primeros pastores de la Promesa, guía supremo de la comunidad y su infalibilidad es dogma.
 
El Koktenci exige una fidelidad sin fisuras a los preceptos de la Promesa, sin ninguna vacilación ni permisividad. La Congregación de la Verdadera Promesa es la forma de culto que han asumido las cortes de Kovan  pues la rigidez e inflexibilidad se amolda perfectamente a su concepto de liderazgo lo que ha permitido que la transición desde los antiguos credos paganos a la nueva fe se haya realizado sin cambios bruscos. Es igualmente la forma de culto que más valor da a la obediencia y jerarquía, ideales que las reinas y sus cortes tienen en alta estima pues se han arrogado en parte la posición de guías espirituales de forma que las antiguas estructuras de gobierno no han necesitado ser alteradas.
 
Para los seguidores del Koktenci no hay más Dios que el creador y este se dirige a sus fieles a través de su representante en Entom que, como no puede ser de otra forma, es el mismo Koktenci. El creador les pone a prueba todos los días y deben demostrarle su amor, superando las adversidades con entereza, mostrándole su abnegada entrega. Solo así ganaran el derecho a acceder al paraíso. Todos deben asumir sin queja la vida que el creador les ha entregado y sobrellevar las penas que esta supone.
 
Además deben cumplir con sus obligaciones para con el creador. Orar cada mañana y cada noche, ayudar a sustentar a los que hablan la voz de la Promesa y mostrarse dignos ante estos y el creador. No robar, no matar, no mentir ni engañar. Aquellos pecados y faltas cometidos deben redimirse pagando la penitencia que un sacerdote imponga, la cual muchas veces se presenta en forma de ofrenda en especia.
 
El clero se estructura a través de una red compleja y bien organizada, con jerarquías claras y sistemas de promoción rígidos. La organización se ha vinculado al poder y se sustenta gracias a esta relación simbiótica en la que la corte hace uso de la religión y viceversa. La opulencia viste a los ministros de la Promesa que no ocultan su posición y riqueza.
 
Los sacerdotes que se encuentran en los escalafones más altos se dedican a reglamentar el credo y  administrar los bienes reunidos a través de ofrendas o posesiones propias. Los de menor rango carga con la tarea de guiar a los fieles y convertir a los paganos. Su misión es la de salvar las almas de cuantos más seres mejor. Son estos los que asumen la función de misioneros en Karuchaqana si bien se espera la llegada a Chakapuma de un Fil, o alto sacerdote, en fechas próximas cuyo ministerio no será otro que el de dirigir la  cada día mayor congregación que ha crecido alrededor del templo.
 
La voz de la Promesa que habla el gran Koktenci no deja resquicio alguno para el pagano que debe convertirse o ser condenado al infierno. Un infierno que muchas veces le alcanza en vida y de la mano de los mismos sacerdotes. Un infierno que será también el destino de aquellos que se aparten de la fe o que pongan en duda alguno de los dictados de la Congregación de la Verdadera Promesa y sus ministros.
 
La jerarquía de la Congregación eleva a la categoría de guardianes celestiales a aquellos que se distinguen por su piedad o que obran grandes milagros en nombre del creador. Estos guardianes son nombrados Justos y venerados como si de seres superiores se tratarán. Sus imágenes decoran los templos y se idolatran como antes se hizo con los dioses paganos. Es el mecanismo que la congregación ha puesto en marcha para facilitar el tránsito de un credo a otro, emulando la liturgia pasada para atraer a su verdad a los indecisos. El proselitismo es una de las tareas principales de la Congregación que sabe que cuantos más fieles se cobijen bajo su manto mayor será su poder.
 
HERMANOS MENORES DE LA PROMESA
Los Hermanos Menores de la Promesa son una orden que predica un Promesa más amable y justa. Pese a que nacieron en el seno de la Congregación de la Verdadera Promesa el gran Koktenci los ha condenado por herejes y son perseguidos en aquellos lugares en los que tiene influencia. Todo ello no ha sido obstaculo para que estos hagan llegar su voz de la Promesa a muchos lugares y que cada vez más fieles les entreguen su corazón.
 
La voz de la Promesa con la que los Hermanos Menores predican habla de un creador amable y gentil y de un mundo donde el dolor y la pena deben ser combatidos y no solo soportados. Resignarse ante las adversidades y considerarlas voluntad divina no es una opción. Cualquier injusticia debe ser combatida como contraria a la verdad del creador pero para ello nunca debe emplearse la violencia. El amor fraternal, junto a la igualdad y la compasión son la base del credo.
 
Los monjes de los Hermanos Menores nunca se asocian con el poder y siempre se posicionan del lado de los débiles pues si alguien necesita protección y ayuda son estos. Su entrega a los fieles es total, incluso arriesgando su propia vida y su paraíso está abierto a todos sin distinción de raza o posición. Son los Hermanos Menores los que más se han adentrado en Karuchaqana y los que han alcanzado los lugares más remotos. Conviven muchas veces con los locales pues consideran su aceptación en la comunidad y su participación activa en las obligaciones que la misma impone como parte de su función misionera.
 
Según está corriente los pecados pueden expiarse con la penitencia pero las impuestas por este credo suelen ser duras y se basan en el sacrificio en pro de los demás. Las ofrendas se realizan por piedad no para obtener el perdón pues el creador no necesita de bienes y los sacerdotes viven una vida austera. El voto de pobreza no es obligatorio para el clero pero si es habitual en especial entre aquellos que sirven entre las castas menos favorecidas.
 
Los Hermanos Menores no creen en los justos ni en los milagros, su obra es mundana y el creador observa y juzga pero no participa de lo que ocurre en Entom. Solo en el propio interior se puede encontrar refugio. Solo el propio esfuerzo y entrega proporcionan una recompensa verdadera.

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