Historias del Concilio pretende dejar testimonio de veinte años de dados y rol.

En 1991 compré mi primer juego de rol. Fue El Señor de los Anillos, el juego de rol de la Tierra Media, traducido, publicado y distribuido en septiembre de 1989 por la editorial barcelonesa Joc Internacional. Era un libro de “tapa dura” con una ilustración de Angus McBride en la portada. Desde entonces y hasta hoy han pasado por mis manos literalmente docenas de manuales y entre mis amigos y yo hemos hecho rodar, literalmente, decenas de miles de dados de múltiples caras.

En 2011 hizo veinte años de nuestra primera partida y, puesto que ahora apenas si tenemos la oportunidad de quedar un par de veces al año, decidí embarcarme en el proyecto de rescatar algunas de las historias que durante este tiempo he compartido con ellos para, tras darles un formato digno, compartirlas con quien quiera leerlas. Me he propuesto publicar una aventura o módulo cada trimestre alternándolos con otras entradas sobre mi pasado, y escaso presente, como jugador y director de juego. Algunos de los módulos serán algo viejunos. Los hay bastante elaborados y otros muy sencillos. Más largos y completos o meras escenas, casi eventos para una partida rápida. Si alguien se reconoce en una de estas historias, gracias por haberlas jugado conmigo y bienvenido.

17 junio 2014

Hijos del Dios Sol - Pobladores de Karuchaqana - Parte II.

CHUTU WAQRACHA
Los chutu waqracha son considerados una plaga por los habitantes de Karuchaqana. Estos feroces individuos habitan en las Chakapwasiwaranael archipiélago al este de Hanan. Despiadados y violentos, solo la visión de sus embarcaciones aproximándose a la orilla es suficiente para hacer huir al más valeroso de los guerreros. 
 
Los chutu waqracha tienen sin embargo una existencia pacifica en su retiro insular que contrasta con la virulencia de sus expediciones con las que siembran de muerte y destrucción las costas de Hanan y Hurin.
 
Descripción.
Habitualmente superan la vara y media de estatura y no es raro que alcancen o superen las dos varas. De constitución fuerte y colores ocre, verde y marrón dependiendo de su isla de origen. Son bípedos con cuatro extremidades anteriores terminadas en tres dedos. Deben su talla principalmente  sus grandes extremidades posteriores, especialmente fuertes y potentes.
 
Tanto los machos como las hembras disponen de cuatro alas medianas retractiles al dorso, sus dos  ojos compuestos tienen un color blanquecino y están dispuestos uno a cada lado de la cabeza. Entre estos hay tres pequeños ojos simples.
 
Visten ropas sencillas tejidas con fibras vegetales y suelen decorar su cuerpo con pinturas de colores oscuros. No se trata solamente arte corporal ni tampoco decoración, estos dibujos realizados con tintas indelebles indican muchísimas cosas, desde la historia de la familia a la que uno pertenece a su clase social o sus creencias espirituales. Además, para algunos clanes simboliza una transición del mundo de la infancia al mundo adulto y es una forma de llevar ciertos símbolos de protección de forma permanente.
 
Los chutu waqracha no son una visión común en Hanan o Hurin y esto es algo que los locales agradecen. Sus incursiones apenas duran unas semanas y el territorio batido por cada una de estas es relativamente pequeño. Nunca se han establecido en las islas continente y raramente dejan tras ellos a ninguno de los suyos sin motivo. Tampoco mantienen relaciones comerciales con otros pueblos ni lazos de ningún otro tipo. 
 
Muy pocos grupos han adoptado el culto al Dios Sol  y por lo tanto la ciudad sagrada no tiene ningún valor especial para ellos. Como es lógico pues tampoco son en absoluto comunes en Chakapuma pero si es cierto que algunos señores sikimira han tomado a mercenarios chutu waqracha a su servicio pues su sola presencia es suficiente para ahuyentar a los merodeadores. Sus espigadas figuras se yerguen como torres sobre el mar de criaturas que pueblan la ciudad sagrada y solo algunos thamaykachay pueden rivalizar con ellos.
 
KUMIHIN
Las grandes comunidades kumihin se encuentran en selvas del altiplano de Hurin, al sur de Karuchaqana a muchas varas de distancia y jornadas de viaje. Poco o nada se sabe en Hanan de las ciudades de los guerreros blancos pues apenas un puñado de estos alcanza de vez en cuando estas tierras y son pocos los mercaderes dispuesto a poner en riesgo sus caravanas tomando el camino del sur.
 
La suya es una civilización distante de la que los viajeros cuentan historias de sangre y furia, de guerras continuas de sacrificios y muerte, incluso de canibalismo.
 
Estrictos y disciplinados, el mundo de los kumihin es rígido y estructurado y así son también sus mentes. Un pueblo orgulloso a los ojos del cual nada hay que envidiar de sus hermanos norteños.
 
Descripción.
La diferencia de tamaño entre la casta de los comunes que conforman la base de la sociedad kumihin ya la de los guerreros y sus señores es abismal. Un obrero kumihin raramente supera la vara de altura mientras que los guerreros superan con creces la vara y cuarto e incluso pueden llegar a la vara y media o más. 
Bípedos con cuatro extremidades anteriores terminadas en cuatro dedos. La cabeza es pequeña en el caso de los obreros, el clero y los nobles y grande en los guerreros que suelen disponer también de mandíbulas dentadas de gran tamaño. Sus ojos compuestos son pequeños y solo disponen de dos ojos simples. Por lo general el exoesqueleto es de color blanquecino o grisáceo, blando y endeble.
 
Los nobles de alta alcurnia destinados a formar nuevas comunidades disponen también de dos alas medianas retractiles al dorso. Estos y las reinas son los únicos individuos sexuados, el resto son estériles y sus vidas están destinadas a servir a los primeros.
 
Visten elaborados taparrabos o faldas de algodón que combinan con capas cortas o tocados sobre los hombros. Suelen ir descalzos aunque algunas castas calzan sandalias de fibras vegetales.
 
Se organizan en clanes o familias que a su vez se asocian en coaliciones y confederaciones que tienen como objetivo la cooperación militar y el refuerzo de las relaciones comerciales. Estás confederaciones sin embargo son efímeras y la importancia de cada una de ellas varía según las circunstancias.
 
El mundo kumihin es endémico y su relación con el exterior escasa. Por este motivo los habitantes de Hanan y su civilización es un auténtico misterio para los comunes kumihin. Por norma general los norteños y sus naciones son auténticos desconocidos y en el mejor de los casos el folclore local los considera  débiles e insignificantes comparados con la grandeza de los imperios guerreros de Hurin.
 
No hay una comunidad kumihin permanente en Chakapuma aunque de forma intermitente es posible encontrarse con peregrinos que visitan el gran templo del Dios Sol o con mercaderes pertenecientes a los clanes menos proteccionistas. Los sikimira respetan a los kumihin y los consideran hermanos venidos. Esta condescendencia molesta en sobremanera a los kumihin que no admiten inferioridad alguna frente al resto de especies.

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