Historias del Concilio pretende dejar testimonio de veinte años de dados y rol.

En 1991 compré mi primer juego de rol. Fue El Señor de los Anillos, el juego de rol de la Tierra Media, traducido, publicado y distribuido en septiembre de 1989 por la editorial barcelonesa Joc Internacional. Era un libro de “tapa dura” con una ilustración de Angus McBride en la portada. Desde entonces y hasta hoy han pasado por mis manos literalmente docenas de manuales y entre mis amigos y yo hemos hecho rodar, literalmente, decenas de miles de dados de múltiples caras.

En 2011 hizo veinte años de nuestra primera partida y, puesto que ahora apenas si tenemos la oportunidad de quedar un par de veces al año, decidí embarcarme en el proyecto de rescatar algunas de las historias que durante este tiempo he compartido con ellos para, tras darles un formato digno, compartirlas con quien quiera leerlas. Me he propuesto publicar una aventura o módulo cada trimestre alternándolos con otras entradas sobre mi pasado, y escaso presente, como jugador y director de juego. Algunos de los módulos serán algo viejunos. Los hay bastante elaborados y otros muy sencillos. Más largos y completos o meras escenas, casi eventos para una partida rápida. Si alguien se reconoce en una de estas historias, gracias por haberlas jugado conmigo y bienvenido.

08 diciembre 2014

Hijos del Dios Sol - Bestias Salvajes de Karuchaqana - Parte I.

BESTIAS SALVAJES
Las bestias salvajes amenazan constantemente a la civilización. Desde los relativamente poco peligrosos atuq hasta los imponentes unqa, un viajero no debe subestimar nunca a estas terribles fieras. La mayoría son depredadores, capaces de dar cuenta de incluso un guerrero experimentado y bien armado. Aunque no cuenten con la inteligencia de los sintientes, gozan de mucha astucia y, en igualdad de peso, de más fuerza.
 
Especialmente si los comparamos con aquellos acostumbrados a vivir una cómoda vida en la ciudad o desnutridos por una existencia de padecimientos. Es normal que resulten un espectáculo tan fascinante y exótico para los habitantes de las ciudades.
 
· Wanako.
El wanako habita tanto en las cordilleras de Hanan y Hurin como en el gran altiplano de la primera. Se trata de un animal salvaje de aproximadamente tres cuartos de vara de alto y cinco runcus de peso que cuenta con seis extremidades largas y atléticas. Existen varias coloraciones si bien las variaciones nos mínimas y van del marrón claro al canela oscuro. La cara suele ser gris y el vientre blanquecino.
 
Vive en rebaños compuestos por hembras, sus crías y un macho dominante. Los machos solteros forman rebaños independientes y mientras los rebaños de hembras son relativamente pequeños, raramente superando la docena de individuos, los de machos solteros puede llegar a agrupar a más de una cincuentena.
 
Cuando un wanako detecta una amenaza alerta al resto del rebaño mediante un balido agudo para que este inicie la fuga. El macho suele colocarse a la retaguardia del rebaño para protegerlo. Los wanakuna pueden alcanzar velocidades considerables incluso en terrenos abruptos y pendientes rocosas y son buenos nadadores.
 
La fibra de wanako es particularmente preciada por su tacto suave y se emplea para elaborar tejidos lujosos. La calidad de su lana es solo superada por la de la wikuña.
 
· Wikuña.
La wikuña comparte un pasado común con el wanako y su morfología es similar. Sin embargo habita exclusivamente regiones en altura y es a todas luces menor en tamaño y más grácil que el por otra parte más numeroso wanako. Raramente superan la media vara de altura y su peso varía entre los dos y los cuatro runcus.
 
Las wikuñas producen una cantidad muy pequeña de lana de excelente calidad cuyo precio es elevadísimo puesto que solo pueden ser esquiladas una vez cada tres años. Además para ello deben ser primero capturadas lo que dificulta la tarea.
 
La mayoría de las grandes culturas sikimira y kumihin prohíben la caza de wikuñas y las ropas elaboradas con su lana están destinados solo a las castas superiores o las reinas. Los Hijos de la Primera Esposa del sol hacen pagar con la propia vida a cualquiera que ose atentar contra uno de estos gráciles animales.
 
· Unqa
El Unqa es el principal depredador de Karuchaqana. Este cazador solitario y oportunista es estrictamente carnívoro y, si bien prefiere las selvas densas y húmedas, lo cierto es que se ha acomodado a una gran variedad de terrenos boscosos y abiertos.
 
Es un animal robusto y musculoso con un peso que oscila normalmente entre los tres y los cinco runcus, aunque las leyendas hablan de bestias que alcanzan los seis y siete runcus de peso o más.  Las hembras suelen ser algo menores que los machos cuya longitud varía entre la vara y la vara y media. Su cabeza es voluminosa y con una mandíbula prominente y los ejemplares adultos tienen una mordedura excepcionalmente potente que les permite perforar caparazones acorazados y utilizar un método poco habitual para matar: ataca directamente la cabeza de la presa para proferir un mordisco fatal que atraviesa el cráneo con sus colmillos alcanzando al cerebro.
 
La estructura corta y robusta de sus miembros hace que sea muy hábil a la hora de escalar, arrastrarse y nadar. Pueden arrastrar presas muy pesadas distancias considerables y pulverizar los huesos más duros.
 
Suelen ser de un color entre amarillo pálido y castaño rojizo. El exoesqueleto está cubierto de unas manchas en forma de rosa para camuflarse en su hábitat selvático, sin embargo el vientre, el cuello y la superficie exterior de las patas son blancos. Excepcionalmente pueden encontrarse individuos completamente negros. Estos unqa son los más temidos pues muchas culturas los asocian a espíritus malignos.
 
Es un animal solitario que suele establecer un territorio de caza exclusivo que raramente se superpone con el de otro individuo.  Prefiere tender emboscadas a verse obligado a perseguir presas y no hace ascos a la carroña. La civilización le ha obligado a retroceder pero los territorios salvajes de Karuchaqana son todavía sus dominios y cualquier viajero debe mantenerse alerta pues pocos narran con alegría un encuentro con un unqa.
 
 
·Poma
Emparentado con el unqa el esbelto y ágil poma es un cazador y depredador de emboscada que prefiere los hábitats con vegetación densa pero que se ha adaptado a vivir en prácticamente todos los rincones del archipiélago. 
 
Aunque puede llegar a ser tan grande como un unqa lo habitual es que su peso oscile entre los dos y los cuatro runcus y su longitud es de alrededor de vara y media. Se trata de una criatura menos poderosa y musculada pero igualmente temible. 
De coloración uniforme, el exoesqueleto es generalmente dorado, pero se conocen individuos  de color gris plateado o rojizo. Posee poderosas extremidades con cinco garras retráctiles que emplea para aferrarse a sus presas. Esta musculatura además característica le permite un gran salto, tanto vertical como horizontal, y una gran capacidad de carrera corta, siendo además un excelente escalador.
 
Al igual que el unqa se trata de una criatura territorial y solitaria que por lo general evita a los sintientes pero que debe ser respetado y temido.
 
En el señorío de Huarochirí se narra una leyenda según la cual Wiraqocha, yendo en persecución de la diosa Cahuillaca encontró en el camino a un poma, a al que preguntó por la mencionada diosa. El poma respondió indicando que la diosa estaba muy cerca y que si Wiraqocha se apresuraba la alcanzaría. El dios, agradecido por la respuesta, bendijo a la criatura con el siguiente augurio: "serás respetado y temido por todos y te designo como verdugo de los impíos. Te otorgo la facultad de devorar a los pecadores y de ver su falta en sus ojos. Serás honrado tras tu muerte, y los sacerdotes más dignos vestirán tu carcasa cubriéndose con ella para completar ceremonias y sacrificios en tu honor y en el mío propio". Esta leyenda justifica que en muchas zonas de Karuchaqana sacerdotes y hechiceros empleen la carcasa del poma, previamente tratada, a modo de vestimenta ceremonial.
 
· Ukumari
Esta criatura habita exclusivamente los bosques húmedos de las Anti tanto de Hanan como de Hurin. 
 
Aunque puede alcanzar la vara y media de altura y hasta los ocho runcus de peso lo común es que ronden los cinco runcus y una vara de alto como máximo.
 
Su exoesqueleto es por lo general negro pero su cabeza, grande en relación al resto del cuerpo, presenta manchas blanquecinas que se extienden alrededor de los ojos bajando por el cuello hasta el pecho, y cuya forma varía mucho entre individuos. Posee cinco dedos con garras largas y curvas no retráctiles en cada una de sus seis extremidades y sus robustas patas traseras les facultan para una postura erecta que utilizan tanto para mirar a lontananza como para trepar árboles y rocas o para aparentar mayor masa corporal al enfrentarse a una amenaza.
 
De hábitos diurnos, solitarios, omnívoros, terrestres y trepadores, su alimentación es predominantemente vegetariana. Están muy bien adaptados para trepar y en los árboles encuentran gran parte de su alimento. Es en las ramas de estos donde suelen establecer plataformas para su descanso.
 
El  ukumari está ligado a una serie de leyendas y tradiciones de la cultura popular tanto de los sikimira como de los kumihin y los pallaysu. Algunas de las culturas pallaysu de las vertientes de poniente de las Anti de Hanan celebran la conocida como Fiesta del Señor de Q'oyllur Riti en la que el ukumari tiene un papel protagonista como tótem, emblema protector de la comunidad y a ascendiente. Los ukukus son los personajes principales de la celebración. Estos hechiceros ascienden a los nevados vistiendo ropajes que emulan el esqueleto del ukumari para extraer trozos de hielo de lo alto de la montaña, amarrarlos a sus espaldas y transportarlos cual piedras preciosas al santuario del lugar. Para estos pallaysu, los trozos de hielo simbolizan un pedazo de estrella caído sobre Entom.
 
Otras tradiciones narran diversas hazañas de los ukumari e incluso se dice que éstos raptan a hembras pallaysu para vivir con ellas.
 
· Atuq
Este cazador y carroñero de pequeño tamaño puebla tanto las laderas de las más altas cordilleras como las praderas, estepas y bosques de ambas islas continente. De cabeza y patas rojizas, vientre, cuello y boca blancos y lomo gris rayado de negro, raramente alcanza el medio runcus de peso.
 
Se alimenta de criaturas menores y en las regiones más civilizadas es habitual que acose a los rebaños de karhuas o paquchas razón por la cual los pastores lo detestan y les ofrecen carroña envenenada para librarse de ellos. Pese a todo es considerada una criatura especialmente astuta y capaz y ocupa un lugar relevante en muchos panteones animistas de las culturas menos desarrolladas.

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