Historias del Concilio pretende dejar testimonio de veinte años de dados y rol.

En 1991 compré mi primer juego de rol. Fue El Señor de los Anillos, el juego de rol de la Tierra Media, traducido, publicado y distribuido en septiembre de 1989 por la editorial barcelonesa Joc Internacional. Era un libro de “tapa dura” con una ilustración de Angus McBride en la portada. Desde entonces y hasta hoy han pasado por mis manos literalmente docenas de manuales y entre mis amigos y yo hemos hecho rodar, literalmente, decenas de miles de dados de múltiples caras.

En 2011 hizo veinte años de nuestra primera partida y, puesto que ahora apenas si tenemos la oportunidad de quedar un par de veces al año, decidí embarcarme en el proyecto de rescatar algunas de las historias que durante este tiempo he compartido con ellos para, tras darles un formato digno, compartirlas con quien quiera leerlas. Me he propuesto publicar una aventura o módulo cada trimestre alternándolos con otras entradas sobre mi pasado, y escaso presente, como jugador y director de juego. Algunos de los módulos serán algo viejunos. Los hay bastante elaborados y otros muy sencillos. Más largos y completos o meras escenas, casi eventos para una partida rápida. Si alguien se reconoce en una de estas historias, gracias por haberlas jugado conmigo y bienvenido.

24 agosto 2014

Hijos del Dios Sol - Más Allá de la Ciudad Sagrada - Los Pallaysu

LOS PALLAYSU
Los dóciles y sencillos pallaysu son la única especie sobre Karuchaqana que iguala  en número a los sikimira, pero sus limitaciones les impiden rivalizar con estos. Sin ambiciones, estas criaturas viven en comunidades pequeñas y apartadas, desplazados de las tierras más fértiles por los mucho más capaces sikimira. Eso cuando no trabajan directamente para estos como esclavos sin derechos. Ciertamente algunos de ellos incluso agradecen esa vida miserable que les libera de los peligros de las selvas y les ofrece comida y refugio. El precio que pagan por ello sin embargo es extremadamente alto.

Los pallaysu se reproducen rápidamente y su población crece a un ritmo vertiginoso solo limitado por los recursos a su alcance. Son los grandes triunfadores de las estaciones azul y verde pero también los primeros que sufren el declinar del sol.

Humildes en todos los aspectos ya sea en libertad o cautiverio viven vidas sencillas alejadas de grandes ideales u objetivos. Solo algunos individuos sobresalientes han recibido del Dios Sol el don de la curiosidad y el deseo de prosperar.

ESCLAVITUD
Los sikimira son una especia capaz y disciplinada pero su población crece despacio lo que limita desarrollo. La esclavitud es parte esencial de la economía de estas comunidades sikimira que necesitan de mano de obra para prosperar  y los pallaysu son su presa preferida. En algunos casos los esclavos son tan importantes que sin ellos estas comunidades no podrían sobrevivir.

Los esclavos llevan a cabo tantas tareas de tan diversos ámbitos que sería imposible enumerarlas todas. Agricultores, ganaderos, mineros, pescadores, constructores, tenderos, artesanos, guardias, soldados, administradores, poetas e incluso amantes, no hay prácticamente ninguna profesión, salvo las relativas al gobierno, que no lleve a cabo algún esclavo en alguna parte de Karuchaqana.

En lo que respecta a sus derechos, no tienen, como cabría esperar, casi ninguno. Aunque su nivel de vida puede variar mucho (hay esclavos domésticos que viven rodeados de más comodidades que muchos sikimira, todos ellos son considerados propiedad de sus dueños, como podría serlo un karhua o unas sandalias. Debido a esto, un sikimira tiene la potestad de matar a un esclavo que le importune, pero tendría que responder ante su amo por la pérdida económica que esta muerte le ha causado.

Aunque la vida de estos pobres diablos está en manos de sus amos, rara vez sufren su ira. Así como la mayoría de nosotros no le haríamos daño a un animal que viéramos por la calle, de igual
forma los sikimira harán lo propio al encontrarse con un esclavo. Es más, algunos incluso llegan a cogerles bastante cariño, aunque el sikimira medio ni siquiera les presta atención.

Los esclavos no tienen por qué pertenecer a un individuo en particular. Bien podrían ser propiedad de una familia, de un templo, del dios que adoran en él, de una reina o de su comunidad.

De hecho, un gran porcentaje de los esclavos pertenecen las comunidades ya se trate de imperios, señoríos, ciudadelas o templos, especialmente aquellos dedicados a cultivar los campos y atender el ganado.

Los esclavos pallaysu toman normalmente el credo y fe de sus amos y se integran en su estructura económica y social ocupando el escalafón más bajo de la misma. Son mansos y obedientes, nada rencorosos y muy agradecidos.

Los más dotados de entre los esclavos pallaysu muestran en ocasiones un afán por ganar su libertad o por reforzar su propia identidad que es desconocido en la mayoría. Estos rasgos son considerados peligrosos por los amos sikimira que tratan de apartar y eliminar a estos portadores del germen de la rebelión. Por ello muchas veces este anhelo secreto se esconde y cultiva en la oscuridad a la espera de una oportunidad para revelarlo.

SACH’ARUNA
Las comunidades libres de pallaysu son innumerables. Los Yechikin y Busin. Los Serankua, Windiwameina, Singunei, Zigta, Yeurwa, Gumuke, Yeiwin, Seiarukwingumu, Buyuaguenka, Simonorwa y cientos de otros pueblos  viven en las profundidades de las selvas de Hanan y Hurin, en las riveras occidentales del archipiélago y en los rincones ocultos a los que la civilización no ha llegado todavía. La mayor de ellos es quizá la de los Nabusimake que caza y recoleta en la rivera del gran río verde de Hanan.
A todos ellos sin distinción los sikimira los conocen como los sach’aruna, los salvajes.
Las comunidades son pequeñas y están dispersas aunque es relativamente común que se reúnan para efectuar intercambios o ceremonias. Trazan su linaje por línea matriarcal y suele ser la hembra de mayor edad la que dirige cada comunidad.
Sus economías son muy básicas centradas en la recolección y la caza. Algunas comunidades realizan pequeños cultivos de yuca o apharuma y producen alcohol haciendo fermentar grano de cereal silvestre. El nivel tecnológico es nimio y su artesanía sencilla y básica. Varones y hembras decoran sus cuerpos con pinturas y joyería de piedra, hueso o cascaras, apenas si visten ropas y caminan descalzos.

Los chamanes dirigen la vida espiritual de los sach’aruna cuyos mitos y creencias varían de comunidad en comunidad. Son populares los cultos a los antiguos, a las generaciones pasadas y los espíritus de los que murieron. En aquellas zonas en las que han tenido contacto con sikimira o kumihin algunos pueblos cultivan una u otra forma del Mito de Inti si bien estás suelen ser retorcidas y bastante distantes de las versiones más comunes.

Algunos misioneros wayrurongo se han asentado entre los sach’aruna y sus enseñanzas han cautivado a las primeras comunidades que oran al creador con la esperanza de una vida eterna.

Los sach’aruna recelan de los extranjeros, en especial de los sikimira a los que temen por encima de todo. Son tímidos y huidizos y tratan de evitar el contacto con los foráneos. Han sufrido la ira y ambición de las especies más capaces y temen verse sometidas por ellas y perder su libertad. 

18 agosto 2014

Hijos del Dios Sol - Más Allá de la Ciudad Sagrada - Los Sikimira Parte II

SEÑORÍOS DE ÑAWPA
Herederos de los primeros sikimira que arribaron a Karuchaqana la confederación de Señoríos de Ñawpa llegó a controlar prácticamente la totalidad de Hanan. Duramente golpeados por la Rit'ijina y arrinconados por la pujanza de los Hijos de la Primera Esposa del Sol a los que se han enfrentado en varias ocasiones este pueblo antiguo vive horas de penuria desplazado a los valles fértiles y ricos en recursos, bañados por ríos y torrentes, que salpican la costa de levante de Hanan.
 
Los rumores cuentan incluso que muchas de sus reinas han muerto sin haber engendrado herederas y que la comunidad corre el riesgo de desaparecer  sin nuevos individuos que la refuercen.
 
Los Señoríos de Ñawpa no conforman una unidad política única sino más bien una alianza de comunidades independientes con una base cultural común. Cada uno de los señoríos se organiza alrededor de un centro urbano de proporciones diversas que hace de sede de una reina y su corte formada por la nobleza y el clero.
 
Los diferentes señoríos administran desde la urbe pequeños poblados ruarles que pagan tributos en especie mediante los cuales se financia la economía de la administración. 
 
Las castas dirigentes ejercen con rigor el control del resto de la población en una estructura social fuertemente estratificada en la base de la cual están los esclavos, principalmente pallaysu o thamaykachay, que se hacen cargo de las tareas más pesadas y peligrosas.
 
La agricultura y la pesca son la base de la economía de los Señoríos de Ñawpa. El cultivo del sara y la apharuma han requerido de la construcción de depósitos y canales de regadío entre otras infraestructuras. También es común cría de la karhua y la paqucha de las que se obtienen lana y carne.
 
Aunque no emplean moneda y se limitan al truque los señoríos promueven el intercambio tanto entre las comunidades de la alianza como con otras culturas y especies alcanzando sus rutas desde las selvas hasta él altiplano y todas las costas de Karuchaqana tanto en Hanan como Hurin pues sus naves, conocidas como totora, no tienen parangón en el continente. Exportan tanto materias primas como productos artesanales de cerámica, metal y textiles que trabajan con maestría.
 
Como los Hijos de la Primera Esposa del Sol las comunidades de los Señoríos de Ñawpa rinden culto a Inti, el dios Sol, si bien las interpretaciones que del Mito de Inti se veneran difieren bastante de la de aquellos.
 
El principal credo, asumido por la mayoría de los señoríos, adora por igual a una triada de dioses compuesta por Pachakamaq el creador, Inti el benefactor y Vichama el vengador. Se conoce a estos dioses como los tres soles y coronan un panteón mucho más amplio poblado por otros menores de corte animista.
 
La influencia de los predicadores wayrurongo ha causado además que algunas comunidades menores  abandonen el culto de los Tres Soles y abracen el culto de la Promesa. Aunque el resto de señoríos observan con recelo a los que han asumido el culto importado por los wayrurongo este se tolera de forma distante.
 
El comercio ha convertido a la población de los Señoríos de Ñawpa en tolerante en lo que se refiere al resto de culturas sikimira e incluso al resto de especies. Pese a ello, aunque puedan ser tolerados, los extranjeros no son siempre bien recibidos. Los sikimira de los señoríos tienen un elevado concepto de ellos mismos, en especial las castas dominantes, y consideran al resto de especies como poco menos que salvajes.
 
Los Señoríos de Ñawpa se han enfrentado en diversas ocasiones durante las últimas estaciones con los Hijos de la Primera Esposa del Sol y ven con temor su pujanza que pone en riesgo su propia existencia. Por ello las relaciones con ellos son tensas y poco amistosas.
 
SIAN, LA CASA DE LA LUNA
Sian, la Casa de la Luna, es el nombre con el que se conoce a la gran urbe desde la que se administran los territorios de esta comunidad sikimira en alza. Los herederos de la luna llegaron a Karuchaqana en uno de los últimos éxodos conocidos y ocuparon la zona costera próxima al Quchanchik. Con el paso de las estaciones y los ciclos los herederos de la luna han ampliado su área de influencia sometiendo a otras culturas sikimira y, aunque su poder no se puede comparar al de los Hijos de la Primera Esposa del Sol, se han convertido en una de las mayores comunidades de Hanan.
 
Los herederos de la luna gestionan su comunidad a través de una red de centros urbanos rurales que se encargan de recaudar y remitir a Sian los tributos obtenidos en su área de influencia.
 
El estado se administra desde la capital que ostenta el monopolio de la gestión de los tributos, el almacenamiento, redistribución y consumo de bienes y productos. 
 
La sociedad está fuertemente estratificada en castas la más amplia de las cuales se dedica a la pesca, agricultura, artesanía y comercio mientras las superiores se encargan de la administración política y religiosa. Al contrario que en otras culturas sikimira los herederos de la luna no tienen una única reina si no un grupo de ellas sin poder político real. Es el clero el que rige los designios de la comunidad mientras cuida de las reinas como si de un bien más de esta se tratara. 
 
En los territorios bajo la tutela de Sian, al igual que en el resto de a Karuchaqana, el cultivo principal es el del sara y la apharuma  Como el resto de culturas sikimira los herederos de la luna han perfeccionado las técnicas agrícolas necesarias y han invertido en la construcción de infraestructuras muy necesarias en esta zona costera semidesértica. La cría de la karhua y la paqucha son igualmente representativas como lo es la pesca en el Quchanchik.
 
Los herederos de la luna pagan tributos en especie que se envían a Sian. En la capital, además de la corte y la administración, viven miles de artesanos que transforman las materias primas que se remiten como tributos en productos elaborados. A los artesanos se les prohíbe cambiar de profesión, y se agrupan en la ciudadela de acuerdo a su área de especialización. 
 
Los productos elaborados se distribuyen de nuevo por el territorio o se exportan en caravanas para intercambiarlos por nuevas materias primas. Los herederos de la luna han creado un sistema monetario sencillo que usa como base unas pequeñas piezas rectangulares de cobre. Estas son las únicas monedas que se conocen en Karuchaqana.
 
Al igual que el resto de culturas sikimira los herederos de la luna han construido un credo alrededor de una interpretación particular del Mito de Inti. Los herederos de la luna sin embargo consideran a Inti un dios destructor  e iracundo y dedican su culto principal a su hermana Khilla, la luna. La luna es la protectora que los salvó de la ira de Inti, les ofrece luz cuando esté les evita, marca el ritmo del tiempo, alborota el mar y crea las tempestades.
 
Junto a Khilla e Inti, los herederos de la luna rinden culto a otros dioses menores vinculados al mar, la tierra o las estrellas.
 
Algunos de los pueblos sometidos al control de la Casa de la Luna conservan su credo propio aunque no se permite colocar a Khilla en un lugar inferior al de ninguna otra deidad. Los predicadores wayrurongo no han tenido mucho éxito entre los herederos de la luna pero lo cierto es que algunos individuos si han asumido el culto de la Promesa compatibilizándolo con el propio.
 
La Casa de la Luna mantiene una actitud abierta hacía el resto de sikimira pero trata a las demás especies como seres inferiores. Incluso los wayrurongo son tratados con desdén. 
 
De todas formas un heredero de la luna no desperdicia un buen trato por muy inferior o despreciable que sea el ofertante.
 
Las élites de la Sian no ven con buenos ojos la expansión del imperio de los Hijos de la Primera Esposa del Sol y se muestran suspicaces ante su pujanza.
 
OTRAS CULTURAS SIKIMIRA
Muchas otras comunidades sikimira habitan Karuchaqana, algunas desde antes incluso de que los tres grandes imperios hubieran nacido. Las civilizaciones han florecido y muerto durante ciclos, muchas veces coincidiendo con la llegada de la Rit'ijina.  Algunas desaparecen para siempre mientras que otras sobreviven arrinconadas en algún lugar de Hanan esperando su oportunidad para resurgir. A la vez nuevas comunidades nacen en otros lugares cada vez que una reina se establece y rompe los lazos con su madre. Estas comunidades menores agrupan a veces solo a unos cientos de individuos pero las hay que controlan a miles. Su nivel de desarrollo es normalmente inferior a las tres grandes casas lo que supone unas estructuras sociales más sencillas y unas posibilidades económicas y militares menores. 
 
Estas comunidades se reparten por los valles, bosques y selvas tanto de la costa como de la cordillera  y el altiplano y no pocas veces su existencia se ve amenazada por la expansión de los grandes imperios.
 
Las comunidades menores suelen disponer de una estructura social muy sencilla con una casta dominante pequeña conformada por la reina y su sequito y una base que se dedica a las tareas productivas.
 
Las sociedades se rigen por normas por lo general poco complejas y suelen actuar en pro de un bien común. La agricultura, la pesca y la ganadería forman la bese de las culturas menores que no conocen o apenas practican el comercio. Suelen ser autosuficientes y la calidad de sus trabajos artesanos bastante pobre.
 
La mayoría de las sociedades practican cultos que tienen su origen en el Mito de Inti con interpretaciones variadas del mismo. Algunas, influenciadas por los misioneros wayrurongo han asumido el culto de la Promesa.
 
Las pequeñas comunidades sikimira suelen ser endogámicas y poco dispuestas al trato con los foráneos a los que temen pues suelen ser portadores de malas noticias.



11 agosto 2014

Hijos del Dios Sol - Más Allá de la Ciudad Sagrada - Los Sikimira Parte I


LOS SIKIMIRA
Ninguna otra especie en Karuchaqana ha llegado tan lejos como los sikimira. Ninguna otra ha construido un imperio mayor. Ninguna ha domesticado la tierra, los ríos e incluso las palabras con tanta virtud. Y nada de ello es casualidad porque los sikimira son los verdaderos hijos del Dios Sol y sus reinas y madres las esposas de este.

EL ORIGEN DE LA CIVILIZACIÓN
Si alguna especie puede arrogarse el título de señores de Karuchaqana estos son los sikimira. No solo controlan la ciudad sagrada de Chakapuma si no que son ellos los que han construidos los mayores imperios, los únicos capaces de sobrevivir a la Rit'ijina ciclo tras ciclo y renacer de sus cenizas para ocupar su lugar en el mundo. Cierto es que la estación blanca no respeta a nadie y que muchas reinas no sobreviven a ella. Cierto es igualmente que los señoríos y reinos caen una y otra vez para ser reemplazados por otros nuevos, pero no es menos cierto que ninguna otra especie ha demostrado la energía disciplina y constancia suficiente para renacer siempre con el mismo vigor.

Los sikimira son arrogantes y desprecian al resto de especies. Los consideran incapaces e indisciplinados. Mediocres. Indignos. Pero se apiadan de ellos y les ofrecen su guía hacía la verdadera fe a cambio de su trabajo como esclavos o siervos.
Son los sikimira los únicos que han construido comunidades lo suficientemente grandes para otorgarse el derecho a reclamar parte o la totalidad de Karuchaqana. Son los únicos que han levantado estructuras imponentes, caminos, canales, depósitos y templos. 

Su mayor aspiración no es otra que dignificar a su comunidad y hacerla digna del perdón de Inti. Que sus reinas crucen el gran puente y regresen al Gran Paitití para ocupar el puesto que les pertenece al lado del padre de todos ellos. 

Pero no todas las reinas ni todos los señores siguen el mismo sendero y muchas veces estos les llevan a un choque inevitable. Los sikimira son los creadores de la civilización, pero también de la guerra civilizada, de las intrigas, las luchas por el poder y la ambición. Hay miles de comunidades sikimira repartidas por todo Karuchaqana, algunas son tan pequeñas que solo incluyen a un centenar de individuos alrededor de su reina pero las hay tan grandes como para movilizar a millones.

HIJOS DE LA PRIMERA ESPOSA DEL SOL
Apenas nadie recuerda cuando llegaron a  Karuchaqana los Hijos de la Primera Esposa del Sol pero, pese a ello, son considerados unos advenedizos por muchas de las culturas sikimira.

Los Hijos de la Primera Esposa del Sol sin embargo se autoproclaman los verdaderos herederos de la esencia de la vida ofrecida por Inti a las criaturas de Entom. 

Tras superar con gran entereza la última Rit'ijina que debilitó a muchos de los demás pueblos de Karuchaqana los Hijos de la Primera Esposa del Sol han aprovechado la Anqa y Qumir para extender su área de influencia más allá de las faldas del Anti hasta convertirse en la más pujante de las culturas de Hanan. Muchos otros pueblos sikimira han acabado por  doblegarse ante ellos siendo asimilados de forma más o menos pacífica o sometidos por las armas.

Los Hijos de la Primera Esposa del Sol aseguran que su reina Warmi es la primera esposa del dios Sol a la que la bendición de Inti convirtió en inmortal. La reina es por tanto no solo el máximo gobernante sino que recibe también el trato de divinidad. La reina gobierna desde Qosqo junto a un séquito de consejeros y una compleja red de funcionarios dedicados a la eficiente administración del Imperio. En paralelo a estos una igualmente compleja jerarquía clerical completa las castas dominantes. 

La fuerza de los Hijos de la Primera Esposa del Sol reside en su capacidad para organizar el trabajo entre sus súbditos que no pagan tributos en especie si no en horas de su tiempo dedicadas a la comunidad. A tal efecto la comunidad se divide en colectivos de seis individuos con un líder a los que se denomina familias. Cada  familia dispone de una porción de tierra que trabajar y cada comunidad debe trabajar igualmente tierras comunales, tierras propiedad Inti y otras propiedad de la reina. El trabajo por la comunidad incluye no solo el trabajo de las tierras de la reina o de Inti si no también la dedicación a la construcción de obras civiles o infraestructuras. A cambio la administración provee a la comunidad  de aquello que no puede  conseguir por sus propios medios. La redistribución y reciprocidad son los conceptos básicos de la sociedad de los Hijos de la Primera Esposa del Sol y su entrega en pos de estos objetivos es total. 

El imperio de los Hijos de la Primera Esposa del Sol se sustenta sobre una explotación agrícola intensiva en la que destacan los cultivos del sara y la apharuma. La ganadería ocupa un lugar secundario siendo la karhua y la paqucha los animales más preciados. 

No existe la moneda y todo intercambio se realiza mediante trueque. De todas formas la economía del imperio es endogámica y evita el trato con otras culturas y sociedades pues las considera a todas impuras e indignas.

Los Hijos de la Primera Esposa del Sol aseguran que su reina es la primera esposa del dios sol. Se conoce este culto como el de la Primera Esposa del Sol y se trata por tanto de un credo basado en una interpretación particular del Mito de Inti en el que el dios Sol es la deidad principal, secundada por otras muchas menores.

Prácticamente la totalidad de la población observa el culto oficial si bien algunos de los pueblos asimilados o sometidos conservan sus creencias propias que son permitidas siempre y cuando no entren en conflicto con el culto oficial. 

Cualquier culto que ponga en duda los principios del culto de la Primera Esposa del Sol es considerado una herejía y se castiga a aquellos que no renieguen de tal.

Los Hijos de la Primera Esposa del Sol evitan al resto de culturas y especies tanto como les es posible pues en su credo ellos son los culpables de la expulsión de la Primera Esposa del paraíso de Paitití.

Al contrario que otras culturas sikimira no toman esclavos pallaysu ni thamaykachay. Tampoco comercian con otras culturas y se muestran desdeñosos y despectivos incluso con otros sikimira.

01 agosto 2014

Mensajeros de Enki - La Puerta de Ishtar - 2º Premio In Summo Ingenium 2014

El pasado fin de semana se fallaron los premios In Summo Ingenium 2014 y tuve la fortuna de que Mensajeros de Enki, el módulo para La Puerta de Ishtar que presenté al concurso, fuera galardonado con el segundo premio. Me siento halagado por tal reconocimiento. Tras más de veinte años escribiendo para mi grupo era la primera vez que sometía uno de mis textos al juicio de terceros. 


Podéis descargar todos los módulos presentados al concurso desde la página de In Summo Ingenium, incluido Mensajeros de Enki y el ganador, Corazón de Bronce.

Si lo preferís dejo al final de esta entrada un enlace para que descarguéis de forma directa Mensajeros de Enki.  

Descargar: Mensajeros de Enki.