Historias del Concilio pretende dejar testimonio de veinte años de dados y rol.

En 1991 compré mi primer juego de rol. Fue El Señor de los Anillos, el juego de rol de la Tierra Media, traducido, publicado y distribuido en septiembre de 1989 por la editorial barcelonesa Joc Internacional. Era un libro de “tapa dura” con una ilustración de Angus McBride en la portada. Desde entonces y hasta hoy han pasado por mis manos literalmente docenas de manuales y entre mis amigos y yo hemos hecho rodar, literalmente, decenas de miles de dados de múltiples caras.

En 2011 hizo veinte años de nuestra primera partida y, puesto que ahora apenas si tenemos la oportunidad de quedar un par de veces al año, decidí embarcarme en el proyecto de rescatar algunas de las historias que durante este tiempo he compartido con ellos para, tras darles un formato digno, compartirlas con quien quiera leerlas. Me he propuesto publicar una aventura o módulo cada trimestre alternándolos con otras entradas sobre mi pasado, y escaso presente, como jugador y director de juego. Algunos de los módulos serán algo viejunos. Los hay bastante elaborados y otros muy sencillos. Más largos y completos o meras escenas, casi eventos para una partida rápida. Si alguien se reconoce en una de estas historias, gracias por haberlas jugado conmigo y bienvenido.

30 noviembre 2013

Clásicos del Concilio - Los Siete Guardianes - El señor de los Anillos

Esta escrito que, tras el triunfo de la última alianza de hombres y elfos, Isildur regresó a Osgiliath  con sus huestes y los vencedores trajeron con ellos grandes tesoros capturados en el reino del Señor Oscuro. Riquezas nunca soñadas, oro y piedras que aturdían con su brillo a quien las contemplaba. De entre estos tesoros Isildur guardó para sí el peor de todos, el anillo que colgaba de su cuello a modo de trofeo, aquel que tomara del dedo cercenado del propio Sauron. Muchos fueron los que le advirtieron y muchas las voces que trataron de convencerle de que el mal estaba ligado a aquel brillo diabólico, pero Isildur no quiso escuchar y cuando partió de Osgiliath lo hizo llevando consigo el anillo de poder.

La comitiva nunca llegó a su destino. La muerte cayó sobre Isildur y los que lo acompañaban. Nada más se supo del anillo único, pues no fue hallado junto al cadáver de su último amo, ni se halló tampoco rastro alguno de las riquezas con las que el rey partió de la ciudad de Gondor, aquellas con las que pretendía compensar a los hombres de Arnor por su sacrificio en tiempos tan oscuros. Así se desvaneció el tesoro de Isildur, perdido en la memoria de unos pocos.

Sin embargo, habiendo transcurrido más de tres décadas desde la muerte de Isildur, regresaron a Osgiliath siete de los hombres de su escolta, grandes caballeros todos ellos, a los que se había dado por muertos. A su regreso a Gondor fueron considerados traidores, cobardes que abandonaron a su señor en la muerte y acusados de haber permanecido ocultos todo ese tiempo con la intención de que su falta fuera olvidada. Desterrados y deshonrados sus linajes se perdieron y ninguno de ellos recuperó el honor perdido.

Esta es la historia tal y como la recuerdan los libros. Ocurrió hace más de mil años y se ha perdido en la memoria de muchos. Pero los libros no olvidan.

Hay historias sin embargo que no están escritas en libro alguno y que solo se cuentan en voz baja por temor o vergüenza. Así es como algunos de los caballeros malditos relataron a sus confidentes que ciertamente Isildur dejó Osgiliath marchando hacia el norte, siguiendo el Anduin, pero ninguno de los siete cabalgaba junto a él el día en que le sobrevino la muerte. Isildur les había encargado una tarea bien distinta, a la cual estaban entregados en aquel entonces. Cierta noche, cuando la comitiva se encontraba acampada cerca de las Argonath, Isildur se acercó al río y contempló el anillo que colgaba de su cuello. Al levantar la vista se encontró con las figuras gigantescas de sus antepasados recortadas contra la luz de la luna y las estrellas y sintió vergüenza de su propia debilidad. Abrumado se arrancó el anillo del cuello e hizo ademán de lanzarlo al agua, pero en el último momento se detuvo, cayó al suelo de rodillas y se puso a llorar.

Enfurecido, al descubrir que no era dueño de su propia voluntad,  regresó al campamento, tomó una de las teas que iluminaban el perímetro y trató de prender fuego a las carretas que transportaban el botín de guerra. Siete de los caballeros de su escolta se percataron de ello y, tras no pocos esfuerzos, lograron reducirlo. Cuando Isildur se hubo calmado observó a los siete requain que le rodeaban y les dijo - Sed pues los guardianes de mi vergüenza. Tomad a los hombres que os haga falta  y construid bajo las Argonath una cripta tan profunda y oscura como sea posible. No quiero que la luz vuelva a rozar siquiera este compendio de monstruos dorados. Pues han nacido en la oscuridad y en ella han de permanecer.-

A la mañana siguiente la comitiva se puso en marcha dejando atrás a los siete requain y a otros cincuenta hombres de armas, aquellos que algún día antes de la guerra habían servido como mineros, canteros o picapedreros. Dos días después Isildur moriría, pero sus órdenes fueron cumplidas y la cripta fue excavada. Llevó treinta años terminarla y para entonces apenas dos docenas de los que en su construcción trabajaron seguían con vida, entre ellos los siete guardianes de la vergüenza. Estos juraron nunca revelar ni el lugar ni el contenido de la cripta antes de tomar el camino de vuelta a sus hogares para descubrir al regresar que ya no eran bienvenidos.

Esta es la historia sobre la que se articulaba la campaña de los Siete Guardianes que jugamos todavía en el siglo XX empleando MERP. Cada jugador, que asumían el rol de descendientes de los siete guardianes originales, eruditos o burdos caza tesoros, iniciaba la campaña con una pista sobre el destino final del tesoro y la historia de los guardianes de forma que se necesitaban entre si para, tras poner en común todas las piezas del puzle y rescatar aquellas que todavía estaban ocultas, localizar la cripta y penetrar en ella.

La campaña sin embargo acabó descarrilando debido a las suspicacias y sospechas que dieron lugar a enfrentamientos y traiciones diversas entre los personajes en su mayoría producto de la disparidad de motivaciones y objetivos finales de cada uno. La rivalidad entre algunos de ellos llevó a la destrucción de pistas, pruebas o artilugios y a un bloqueo tal que impedían que la historia progresase por lo que acabamos abandonándola. 

Otros Clásicos del Concilio:
Huérfanos de OscuridadEl Señor de los Anillos
Operación Reconquista - Comandos de Guerra
Sink the Triptiz - Comandos de Guerra
La Guerra del Fletán - Mutantes en la Sombra
Fugitivos - El Señor de los Anillos