Historias del Concilio pretende dejar testimonio de veinte años de dados y rol.

En 1991 compré mi primer juego de rol. Fue El Señor de los Anillos, el juego de rol de la Tierra Media, traducido, publicado y distribuido en septiembre de 1989 por la editorial barcelonesa Joc Internacional. Era un libro de “tapa dura” con una ilustración de Angus McBride en la portada. Desde entonces y hasta hoy han pasado por mis manos literalmente docenas de manuales y entre mis amigos y yo hemos hecho rodar, literalmente, decenas de miles de dados de múltiples caras.

En 2011 hizo veinte años de nuestra primera partida y, puesto que ahora apenas si tenemos la oportunidad de quedar un par de veces al año, decidí embarcarme en el proyecto de rescatar algunas de las historias que durante este tiempo he compartido con ellos para, tras darles un formato digno, compartirlas con quien quiera leerlas. Me he propuesto publicar una aventura o módulo cada trimestre alternándolos con otras entradas sobre mi pasado, y escaso presente, como jugador y director de juego. Algunos de los módulos serán algo viejunos. Los hay bastante elaborados y otros muy sencillos. Más largos y completos o meras escenas, casi eventos para una partida rápida. Si alguien se reconoce en una de estas historias, gracias por haberlas jugado conmigo y bienvenido.

26 octubre 2014

Hijos del Dios Sol - Cultos - El Mito de Inti - Parte III.

HEREDEROS DE LA LUNA
La Diosa Luna, hermana de Inti y benefactora de los habitantes de Entom, acude todas las noches a iluminar en mayor o menor medida la tierra que estos hoyan. Khilla aparece en el panteón de todos los cultos basados en el Mito de Inti pero en ningún sitio es tan reverenciada como en Sian, La Casa de la Luna. Los sikimira que fundaron la ciudad y han construido un pequeño imperio alrededor de esta son popularmente conocidos como los Herederos de la Luna. Según sus leyendas cuando Inti descubrió la traición de algunas de sus reinas y montó en cólera Khilla en persona acudió para rescatar a los más capaces de los hijos de su hermano y guiarlos hasta Karuchaqana. Iluminó el gran puente sobre el mar durante todo el éxodo y contuvo la furia de Inti el tiempo suficiente para que sus elegidos completarán el viaje.
 
Para los Herederos de la Luna Khilla es tan poderosa como su hermano, algunos en privado dirán que incluso más que este pues alumbra en la oscuridad de la noche aunque no osarán hacer tal afirmación en público. La influencia de la Diosa Luna marca el ritmo de crecimiento de las cosechas, sus fases causan el alboroto del mar y son un marcador del tiempo sin igual. Es la castigadora de los ladrones y la protectora de las reinas.
 
En Sian se ora y cumplimenta también a Inti, como es lógico, y a Wiraqocha, el creador. Al Dios Sol es común ofrecerle sacrificios, incluso de sintientes, pues su ira debe ser apaciguada y la deuda contraída al evitar su furia pagada. Junto a ellos el resto del panteón común a todos los credos basados en Mito de Inti  reciben reverencia y plegarias.
 
Al contrario que en otros lugares en Sian todos los templos son administrados por una misma comunidad clerical que es también la que rige los destinos de la ciudad y el imperio. Los sacerdotes de la luna son el gran poder al mando de la comunidad. Su poder es tal que incluso las reinas están subordinados a estos. Son los sacerdotes los que eligen a aquellas que más les convienen, los que se cuidan de ellas y de su prole de la misma forma que administran la vida de estos una vez alcanzan la vida adulta.
 
Un consejo de Namús, grandes sacerdotes, está a la cabeza del culto y gobierna tanto la vida espiritual como terrenal de los fieles.
 
Los Herederos de la Luna son un pueblo cosmopolita y viajero y dispuesto a aceptar que no todos comparten su visión del mundo. Abiertos de mente no tienen problemas en aceptar la existencia de otras formas de venerar a Inti y Khilla o incluso de que puedan existir individuos tan poco brillantes como para no darse cuenta de su poder y que deseen arriesgar su vida adorando a falsos dioses.
 
SUAMOQ
La ciudad sagrada de Suamoq es el centro del culto al Dios Sol mayoritario entre los kumihin. Para estos al principio todo era oscuridad y la luz, atributo lúcido y resplandeciente de las cosas, cualidad luminosa y esencia creadora que los kumihin conocen como Chiminigagua y que pocos dudan en equiparar al buen Wiraqocha, creó el mundo.
 
La interpretación del Mito de Inti que los kumihin observan se desvía en parte de las líneas comunes en Hanan probablemente debido al aislamiento sufrido durante muchos siglos. Las enseñanzas que en Suamoq se imparten consideran a Inti y Khilla, a los que ellos llaman Xue y Chía en su lengua, cómo esposos y no hermanos. Tal y como se narra el mito. Los kumihin abandonaron el Gran Paitití mucho tiempo antes de que la ira del Dios Sol se despertara. Bachué, su reina ancestral, guio a su prole a través del gran puente sobre el mar y estos ocuparon toda  Karuchaqana y allí moraron durante docenas de ciclos completos. Cuando la ira de Inti sobrevino y todo Entom tembló, la tierra de los kumihin sufrió grandes inundaciones que causaron penurias y dolor.  Muchos murieron y la población se redujo drásticamente quedando agrupada en los Anti de Hurin.
 
Bachué hacía tiempo que había desaparecido y los kumihin se habían apartado de las buenas costumbres. Habían olvidado a los dioses y pasaban el día en la holganza. 
 
Fue entonces cuando apareció Bochica. Bochica no era propiamente un dios pero según la leyenda fue él el que hizo retroceder a las aguas. Predicó y enseñó las buenas costumbres de nuevo y algunos preceptos morales. Bochica, el civilizador, enseñó a sembrar, a fabricar casas, a tejer en algodón y el fique, a cocer el barro y hacer ollas, la manera de calcular el tiempo y determinar las fechas para la siembra y la recolección. Los kumihin lo distinguieron como "nuestro pariente y padre". Bajo su supervisión se levantó el primer templo del sol en Suamoq y alrededor de este se organizó el culto que perdura hasta nuestros días.
 
En Suamoq se rinde culto a Xue, el Dios Sol, pero también  a  Chía, su esposa y a Bachué la madre ancestral. Junto a ellos el panteón lo completan otros dioses y espíritus vinculados a lugares y conceptos varios muchos de los cuales tienen su réplica en el resto de cultos basados en el Mito de Inti  aunque reciben nombres distintos.
 
El culto exige de constantes sacrificios que sacien la ira de Xue y paguen la deuda contraída durante los ciclos de paganismo antes de la llegada de Bochica. Todas las comunidades envían a jóvenes para que estos mueran en el altar del Dios Sol y el mismo rito se practica en los templos menores por todo Hurin.
 
Los sacerdotes, llamados jeques se educan desde su nacimiento en el templo de Suamoq  atendiendo a los seminarios dirigidos por ancianos. Son  los responsables de dirigir las ceremonias y sacrificios y solo cuando se considera que están preparados regresan a sus comunidades de origen para prestar sus servicios. Los jeques guardan los templos y lugares sagrados a los que se acude para realizar ofrendas y solicitar favores. Los concurrentes sin embargo deben permanecer a las puertas del recinto pues solo los sacerdotes tienen permitido acceder al interior. 
 
Los templos también acogen los restos de los sacerdotes fenecidos y de las reinas que los favorecieron.
 
Junto a las actividades religiosas, los sacerdotes participan también de la vida de la comunidad con recomendaciones acerca de la agricultura o mediando en los habituales conflictos entre las reinas.
 
Los kumihin son piadosos y celosos de su fe. Comparten la adoración al Dios sol con otras culturas pero no comprenden a los que no observan este culto. Su historia les demuestra que olvidarse de Xue y Chia solo puede traer calamidades y tratan a los herejes como temerarios que pueden arrastrarlos a todos al desastre.

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