Historias del Concilio pretende dejar testimonio de veinte años de dados y rol.

En 1991 compré mi primer juego de rol. Fue El Señor de los Anillos, el juego de rol de la Tierra Media, traducido, publicado y distribuido en septiembre de 1989 por la editorial barcelonesa Joc Internacional. Era un libro de “tapa dura” con una ilustración de Angus McBride en la portada. Desde entonces y hasta hoy han pasado por mis manos literalmente docenas de manuales y entre mis amigos y yo hemos hecho rodar, literalmente, decenas de miles de dados de múltiples caras.

En 2011 hizo veinte años de nuestra primera partida y, puesto que ahora apenas si tenemos la oportunidad de quedar un par de veces al año, decidí embarcarme en el proyecto de rescatar algunas de las historias que durante este tiempo he compartido con ellos para, tras darles un formato digno, compartirlas con quien quiera leerlas. Me he propuesto publicar una aventura o módulo cada trimestre alternándolos con otras entradas sobre mi pasado, y escaso presente, como jugador y director de juego. Algunos de los módulos serán algo viejunos. Los hay bastante elaborados y otros muy sencillos. Más largos y completos o meras escenas, casi eventos para una partida rápida. Si alguien se reconoce en una de estas historias, gracias por haberlas jugado conmigo y bienvenido.

24 noviembre 2014

Hijos del Dios Sol - Munanapsuwa, el Guía.

Toda comunidad necesita alguien que le marque el camino, un faro, un mentor. Los munanapsuwakuna ocupan ese lugar y se hacen cargo de esa tarea. Los maestros de ceremonias organizan y pautan el día adía de todas las sociedades desarrolladas y lo hacen porque son los más preparados, los más dotados, los más capaces.
 
Los munanapsuwakuna conocen las necesidades de aquellos que están a su cargo y es su tarea compatibilizar estas con las del conjunto que forman.  
 
Un munananpsuwa es capaz de ofrecerte lo que necesitas sin que se lo pidas, porque él no es solo un individuo, es la consciencia viva del colectivo y vive en muchos lugares a la vez, ve con muchos ojos y sufre con muchos corazones.
 
LADRONES DE VOLUNTAD
El término que normalmente se emplea para hacer referencia a los munanapsuwakuna es el de Guía, la verdad es que muchos los conocen por otro nombre: Los ladrones de voluntad. Muy pocos son los premiados por los dioses con este poder. Solo entre los sikimira, kumihin y wayrurongo es posible encontrar guías realmente capaces, el resto de especies apenas han proporcionado a sus comunidades individuos con dotes pobres y rudimentarias.
 
Es común que los jóvenes en los que se adivina esta capacidad sean rápidamente apartados del resto y formados a parte para convertirse en siervos de la comunidad, sacerdotes o administradores, jueces y generales, todas ellas tareas en las que su poder proporciona máximos beneficios.
 
El poder de los munanapsuwakuna es real y no necesita de artilugios. Es temido y respetado por igual.
 
LEER EN TU OJOS, HABLAR CON TU VOZ, SENTIR EN TU PIEL.
Los guías o ladrones de voluntad pueden poner en práctica una serie de ardides que no están al alcance de nadie más. Son temidos por ello y el castigo que imponen es peor que el látigo o la fusta.
 
Sin embargo no todos los son igual de hábiles o capaces y algunos ardides están al alcance de solo un puñado de grandes maestros. Se conocen ocho ardides pero es posible que otros estén todavía ocultos pues los ladrones de voluntad son muy celosos a la hora de compartir información sobre sus verdaderas capacidades. Los ardides conocidos son la Lectura Emocional, la Proyección Mental, la Lectura Mental, el Control Emocional, el Control de la Percepción, el Control de la Voluntad, el Robo de Esencia y el muy temido Castigo Mental.

17 noviembre 2014

Hijos del Dios Sol - Umuq, El Poder de los Dioses.

Nadie en Entom duda de la existencia de los dioses, y aquellos que se atreven a lanzar algún tipo de sombra sobre esta afirmación corren el riesgo de sufrir un castigo sin igual. Es cierto sin embargo que no todos los habitantes de este mundo mantienen la misma relación con los seres divinos. 
 
A aquellos elegidos por los dioses y espíritus para hacer pública su voluntad y trasladarla a los fieles se les conoce como los umuqkuna. Pero no todos los sacerdotes o miembros del clero son considerados umuqkuna.
 
Un umuq es aquel verdaderamente capaz de hablar con los dioses o por lo menos de escuchar su voz. Es el que lee el destino, canaliza el poder divino e intermedia entre este y los comunes.
 
LOS UMUQKUNA
El término umuq se emplea tanto para los sacerdotes de los credos más elaborados y organizados que demuestran dotes extraordinarias como para los brujos y hechiceros de los pueblos salvajes.
 
Aquellos capaces de adivinar el futuro a través de la observación de las entrañas de los animales sacrificados o la observación de las estrellas, los que sanan mediante sus manos o aplicando remedios que nadie más conoce, los que echan la suerte, interpretan los sueños, perciben las energías místicas, las auras de los demás e incluso de
Entom mismo, son los umuqkuna.
 
Los calparicuqui, camascas, achicoc, punchaupuilla o mosoc de entre los sacerdotes de los cultos de Inti, los bohíques de los pueblos sach’aruna, los tohunga de los Hanau Eepe y los Hanau Momoko, algunos de los wayrurongo que hablan la voz de la promesa y muchos otros chamanes, brujos y hechiceros de diversas culturas y especies pueden considerarse umuqkuna. El poder de los umuqkuna reside en realidad en su capacidad para ser creíble. Su reputación es lo que le otorga la ascendencia sobre sus fieles.
 
SÍMBOLOS DE PODER
La magia y lo sobrenatural no siempre se muestran en forma de conjuros, sino que a veces también se condensan en forma de objetos cargados de su poder. En otras ocasiones los conjuros o rituales necesitan de estos objetos especiales para resultar efectivos pues actúan como canalizadores del poder.
 
Los símbolos de poder varían tantísimo en su origen y en sus capacidades, desde lo más humilde hasta lo más extraordinario, que resulta imposible catalogarlos. Algunas formas sin embargo son fácilmente reconocibles.
 
En ocasiones pueden aparentar ser objetos comunes, y no pocas veces lo son, pero en las manos de un umuq pueden convertirse en temibles. 
 
Cada uno de ellos puede resultar una posesión valiosísima, tanto o más que cientos de vidas, como muchas guerras y conflictos ocasionados únicamente por ellos han demostrado.
 
Muchos de estos objetos se remontan a épocas ancestrales y han sido creados con artes ya perdidas, lo que les hace irremplazables. Otros, sin embargo, son obras más recientes y son resultado del trabajo de los artesanos de los templos  o la aplicación de tradiciones bárbaras y salvajes.
 
Lo único que tienen en común todos ellos es que se les supone capaces de hacer algo, por humilde o espectacular que sea, que va más allá de lo natural. 
 
Algunos objetos son tan llamativos que no pueden pasar desapercibidos, mientras que otros son tan sutiles que ni el propio portador sabe que tienen algún poder.
 
· Tawa Chakana
La Tawa Chakana, también conocida como cruz de Karuchaqana, Cruz del Puente o Las Cuatro Escaleras,  es un símbolo recurrente en las culturas originarias de Hanan y Hurin. Su forma es la de una cruz cuadrada y escalonada, con doce puntas.
 
El símbolo en sí, es una referencia al Sol, aunque su forma, que sugiere una pirámide con escaleras a los cuatro costados y centro circular, posee también un significado más elevado, en el sentido de señalar la unión entre lo bajo y lo alto, la tierra y el sol, los hijos de Inti y el Dios mismos. La Tawa Chakana representa no sólo un concepto arquitectónico o geométrico, sino que está cargada de un significado místico, es la escalera hacia lo más elevado, el puente hacia el paraíso del Gran Paitití.
 
La suya no es una forma encontrada al azar, sino que se trata de una forma geométrica resultante de la observación astronómica. Los antiguos, aquellos que cruzaron el gran puente, la trajeron desde el otro lado y  representaron con este símbolo el paraíso perdido. Es un icono común entre los pueblos que adoran al Dios Sol, el blasón principal de la mayoría de las culturas sikimira y kumihin que la reproducen de forma habitual en tejidos, cerámicas, grabados, relieves y formas arquitectónicas.
 
· Tumi
Los sacerdotes sikimira y kumihin que rinden culto a Inti y a las deidades a su credo vinculado emplean un cuchillo ceremonial característico para sus sacrificios que se conoce con el nombre genérico de Tumi. El Tumi es un cuchillo formado por una hoja semicircular de una sola pieza de bronce, cobre, plata, oro o incluso madera y cuyo asidero suele estar decorado por una figura que evoca a la deidad a la que se ha consagrado.
 
Estos cuchillos se producen para usos ceremoniales y son empleados básicamente para esa función. Se les suponen propiedades místicas y sobrenaturales y nadie se expondrá a ser herido por uno de ellos pues su alma quedará maldita para siempre.
 
Tras la cosecha de la sara y la apharuma, con la intención de agradecer a Inti el éxito de la misma o para solicitarle una mayor e laño siguiente los sacerdotes de los templos más importantes sacrifican una karhua completamente blanca o negra, según sea la tradición local. Empleando un Tumi el sacerdote abre el pecho del animal y con sus manos extrae el corazón y las vísceras de este para, observándolos, leer el futuro en ellos. Posteriormente tanto el animal como las vísceras que han dado lugar a la predicción son incineradas.
 
Los Tumi son también empleados en la práctica médica de los templos y muy especialmente para las trepanaciones de cráneos. Estás prácticas son increíblemente delicadas y solo están al alcance de unos pocos ancianos cuyo conocimiento es venerado. 
 
Habitualmente se trata de cuchillos pequeños pero algunos pueden alcanzar el tercio de vara de longitud y un peso considerable.
 
· Wak’a
El término wak’a designa a todas las sacralidades fundamentales sikimira e incluye ídolos, templos, tumbas, momias, lugares sagrados, animales, aquellos astros de los que las comunidades o reinas creen descender, los propios antepasados y las deidades principales.
 
Este concepto que tiene su origen en las primeras sociedades sikimira asentadas en Karuchaqana se ha extendido por el continente a medida que estas han ampliado sus dominios.
 
Según la tradición las wak’as poseen personalidad propia y forman parte de los panteones de las culturas sikimira locales e incluso de otras especies influenciados por estos junto al resto de deidades.
 
Como centro religioso las wak’as son también famosas por ser el lugar en el que se depositaban ofrendas. Por esta razón son habitualmente víctimas de saqueos durante las guerras y enfrentamientos entre comunidades rivales tanto por su fama de contener tesoros, como por ser el centro de la religiosidad local lo que hace destrucción una forma de evidenciar la victoria sobre aquellos que las levantaron.
 
Los soldados de los grandes imperios sikimira marchan a la guerra formado  escuadrones de acuerdo a su comunidad de origen y portando tótems que representan a su respectiva wak’a (el rayo, el kondur, el arco iris, etc.). Una de las maneras más terribles para castigar a una comunidad vencida o rebelde es  justamente la destrucción de sus wak’as, con lo que se rompen los vínculos que mantienen unida a esa comunidad; por la misma razón, cuando se conquista un territorio respetado en el que se reconoce la misma cultura y cosmovisión las wak’as son respetadas y a las  reinas vencidas se les reconoce su estatus y confina en la wak’a para que termine sus días con honor sirviendo a su nueva matriarca y para que allí se deposite su momia a su muerte de forma que se una al espíritu de su pueblo.
 
· Cuychi
Los sikimira emplean este término para designar el arco iris, otros pueblos de Karuchaqana lo conocen como el yaya carui o turu manya, pero sea cual sea el nombre que se le dé todos comparten el mismo temor y reverencia hacia este. Es Cuychi es considerado un augurio nefasto que anuncia muerte, desastres, enfermedades u otras calamidades. Por este motivo las representaciones del arco iris son habitualmente empleadas en rituales de diverso tipo generalmente destinados a lanzar sobre un enemigo o rival una maldición o conjuro.
 
· Misha
En la tradición de los pallaysu sometidos al yugo sikimira la misha es el equivalente a un altar de poder chamánico, un recuerdo de su pasado en libertad. 
 
La misha es en esencia un espacio sagrado compuesto de objetos de poder que sirven de contacto con las fuerzas ancestrales y espirituales del cosmos viviente. Es una wak’a,  un espacio sagrado, único, intangible e irrepetible que merece respeto y culto. Es una alianza espiritual que solo puede servirle a su portador.
 
La mesa es así mismo un pachachaka, es decir un puente que comunica los diversos planos dimensionales de la tradición pallaysu. Puede servir para conectarse con el linaje sagrado de los maestros o como punto en él que se trasmuta la energía pesante en energía refinada. Por ello sirve de herramienta auxiliar para los rituales, pues representa el poder de limpiar y purificar.
 
Se trata normalmente de un manto o bolsa de tejido de lana de karhua o paqucha que sirve para envolver los objetos personales de su propietario. Un envoltorio portátil que puede trasladarse fácilmente de un punto a otro para realizar rituales en cualquier contexto o lugar. En su interior los maestros colocan sus amuletos y objetos místicos entre los que se encuentran las khuyas, las piedras sagradas que han sido heredadas por sus ancestros o maestros y que por los años de uso se encuentran cargadas de energía refinada o sirven de igual modo como pachachaka. 
 
Convenientemente dispuesta la misha sirve de altar para la ofrenda o la oración. De la misma forma desplegada sirve para delimitar el espacio sagrado en el que el ritual se realiza o en el que la energía fluye con mayor intensidad.
 
· Balsa de Guatquyca
Algún día el pueblo kumihin regresará al paraíso del Gran Paitití y lo hará cruzando el gran mar sobre mil balsas que Xue construirá para ellos. 
 
La Balsa de Guatquyca es el símbolo de la fe que los sacerdotes de Suamoq predican. Es común que muchos fieles porten representaciones de esta en forma de pequeñas talla de madera o piedra. En los templos se conservan piezas espléndidas, auténticas esculturas de inmensa belleza, filigranas de oro que representan a las reinas y sus fieles surcando el gran mar de regreso al hogar ancestral del que partieron.
 
El evento culminante de las peregrinaciones de las reinas kumihin a Suamoq estas cruzan la laguna de Guatavita sobre balsas profusamente decoradas y con el cuerpo cubierto de oro. Junto con los peregrinos que las acompañan, arrojan piezas de oro y esmeraldas a las profundidades en forma de ofrenda. Esta travesía es un eco del mito del retorno al Gran Paitití y precede a los grandes sacrificios rituales.  
 
· Moai
De acuerdo con el Ivi Atua cunado un ser muere su espíritu permanece en Entom durante cierto tiempo, purgando sus pecados o favoreciendo a sus semejantes. Los chutu waqracha esculpen figuras en representación de aquellos que han pasado a mejor vida de forma que sus espíritus puedan emplearlas como ancla y lugar de recogimiento mientras pertenezcan entre ellos.
 
Por norma general se trata de piezas pequeñas de roca volcánica que recuerdan las formas del fenecido y que pueden colocarse en altar familiar o portarse de un lugar a otro y a las que se hacen pequeñas ofrendas o plegarias con el fin de obtener su bendición o apaciguar su ira.
 
Para los grandes señores sin embargo se erigen moais de proporciones enromes pues se da por hecho que tales individuos no aceptarán nada menor. Estos enormes monolitos se encuentran diseminados por las costas de las Chakapwasiwatana, siempre mirando hacia el interior de la isla vigilando a sus congéneres. Algunos sin embargo se han plantado en las costas de Hanan y Hurin para servir de hogar de grandes caudillos caídos durante alguna de las incursiones lanzadas sobre las costas de Karuchaqana.
 
Solo los gigantescos moai de los ariki, los grandes líderes que según la tradición guiaron a sus comunidades directamente desde el Gran Paitití a través del océano hasta sus hogares presentes, miran hacia el mar. Se levantan en la costas de levante con los ojos fijos en el horizonte, oteando en busca del lugar en el que nacieron y que abandonaron cuando el mundo era joven.
 
. La Circunferencia
La circunferencia es el símbolo de la Promesa. La figura perfecta e infinita que evoca el vacío, el límite y la frontera, el interior y el exterior, la vida terrenal y la celestial. Sin principio ni final, sin aristas ni vértices, completo en sí mismo, sin faltas ni discordancias. Una unidad, absoluta e irrefutable, como la verdad de la Promesa.
 
Los templos de la Promesa se construyen en base una planta circular en el centro del cual se encuentra el altar sobre el que se coloca un círculo, bien suspendido del techo bien apoyado en un pie. Son piezas de factura diversa según sea la importancia del templo, desde tallas policromadas de madera a preciosas piezas de oro o plata. La oración se realiza de rodillas, con las manos en el suelo y la frente sobre estas en señal de respeto pues la circunferencia sobre el altar es también el ojo del creador a través del que te observa, sus oídos a través de los que escucha tus plegarias y la boca a través de la que te habla.
 
Muchos creyentes y todos los sacerdotes lucen también un colgante con esta forma perfecta. Algunos para hacer visible su fe, otros con la intención de que les proteja de los males del mundo.

10 noviembre 2014

Hijos del Dios Sol - Cultos - La Promesa

LA PROMESA
Un culto minoritario y considerado hereje durante largo tiempo en Kovan, la Promesa apenas contaba con algunos fieles y profetas antes de la llegada de la enfermedad. Pero la penuria y el hambre, la muerte y desesperación que la epidemia ha sembrado ha empujado a muchos a los brazos de esta creencia que promete una recompensa al sufrimiento en forma de paraíso celestial reservado a aquellos que creen, loan y adoran al creador único. 
 
La Promesa ha hecho desaparecer a los cultos paganos de los wayrurongo. Tan buen punto las reinas, asustadas ante la ruina que asolaba sus territorios, abrazaron sus enseñanzas en busca de una luz de esperanza que combatiera el dolor que parecía maldecir a sus hijos, sus súbditos las siguieron.
 
Unos pocos predicadores, mundanos y pobres, iluminados por un profeta ya desaparecido que según el credo predijo la llegada de la peste, pasaron en apenas unas estaciones a convertirse en depositarios de los anhelos de todo un pueblo. Pero su éxito también ha sido el origen de su cisma. No todos los predicadores hablan la Promesa con la misma voz ni loan al creador con las mismas palabras. Las disputas, las envidias y rivalidades han fraccionado a los fieles en docenas de cultos e iglesias cada una con su jerarquía y valores. Si bien todas comparten el mismo fundamento y algunos valores comunes los detalles del culto varían de uno a otro. A falta de un registro físico de las enseñanzas del primer profeta la interpretación de sus enseñanzas ha quedado al libre criterio de los predicadores.
 
De su oscuro nacimiento poco se sabe. El primer profeta aseguró haber sido elegido por el creador que se presentó ante él como una luz cegadora y le reveló el misterio de la vida, encomendándole también guiar a los pobladores de Entom hacia el paraíso que para aquellos dignos de tal llegaría tras su muerte.
 
La Promesa ofrece el paraíso a los que le sean fieles y condena al infierno a los que le dan la espalda. Todos los individuos están condenados si no demuestran su fe en el creador y sus preceptos. La oración, el rechazo de los ídolos paganos y la fe ciega en el único creador y su omnipotencia son las tres patas sobre las que se sustenta el credo.
 
CONGREGACIÓN DE LA VERDADERA PROMESA
Los más conservadores y estrictos de los fieles de la Promesa se agrupan alrededor del gran Koktenci, el sumo sacerdote de la Congregación de la Verdadera Promesa designado por el creador a través de sus ministros para guiar a su rebaño al paraíso de ultra tumba. El Koktenci se considera heredero de los primeros pastores de la Promesa, guía supremo de la comunidad y su infalibilidad es dogma.
 
El Koktenci exige una fidelidad sin fisuras a los preceptos de la Promesa, sin ninguna vacilación ni permisividad. La Congregación de la Verdadera Promesa es la forma de culto que han asumido las cortes de Kovan  pues la rigidez e inflexibilidad se amolda perfectamente a su concepto de liderazgo lo que ha permitido que la transición desde los antiguos credos paganos a la nueva fe se haya realizado sin cambios bruscos. Es igualmente la forma de culto que más valor da a la obediencia y jerarquía, ideales que las reinas y sus cortes tienen en alta estima pues se han arrogado en parte la posición de guías espirituales de forma que las antiguas estructuras de gobierno no han necesitado ser alteradas.
 
Para los seguidores del Koktenci no hay más Dios que el creador y este se dirige a sus fieles a través de su representante en Entom que, como no puede ser de otra forma, es el mismo Koktenci. El creador les pone a prueba todos los días y deben demostrarle su amor, superando las adversidades con entereza, mostrándole su abnegada entrega. Solo así ganaran el derecho a acceder al paraíso. Todos deben asumir sin queja la vida que el creador les ha entregado y sobrellevar las penas que esta supone.
 
Además deben cumplir con sus obligaciones para con el creador. Orar cada mañana y cada noche, ayudar a sustentar a los que hablan la voz de la Promesa y mostrarse dignos ante estos y el creador. No robar, no matar, no mentir ni engañar. Aquellos pecados y faltas cometidos deben redimirse pagando la penitencia que un sacerdote imponga, la cual muchas veces se presenta en forma de ofrenda en especia.
 
El clero se estructura a través de una red compleja y bien organizada, con jerarquías claras y sistemas de promoción rígidos. La organización se ha vinculado al poder y se sustenta gracias a esta relación simbiótica en la que la corte hace uso de la religión y viceversa. La opulencia viste a los ministros de la Promesa que no ocultan su posición y riqueza.
 
Los sacerdotes que se encuentran en los escalafones más altos se dedican a reglamentar el credo y  administrar los bienes reunidos a través de ofrendas o posesiones propias. Los de menor rango carga con la tarea de guiar a los fieles y convertir a los paganos. Su misión es la de salvar las almas de cuantos más seres mejor. Son estos los que asumen la función de misioneros en Karuchaqana si bien se espera la llegada a Chakapuma de un Fil, o alto sacerdote, en fechas próximas cuyo ministerio no será otro que el de dirigir la  cada día mayor congregación que ha crecido alrededor del templo.
 
La voz de la Promesa que habla el gran Koktenci no deja resquicio alguno para el pagano que debe convertirse o ser condenado al infierno. Un infierno que muchas veces le alcanza en vida y de la mano de los mismos sacerdotes. Un infierno que será también el destino de aquellos que se aparten de la fe o que pongan en duda alguno de los dictados de la Congregación de la Verdadera Promesa y sus ministros.
 
La jerarquía de la Congregación eleva a la categoría de guardianes celestiales a aquellos que se distinguen por su piedad o que obran grandes milagros en nombre del creador. Estos guardianes son nombrados Justos y venerados como si de seres superiores se tratarán. Sus imágenes decoran los templos y se idolatran como antes se hizo con los dioses paganos. Es el mecanismo que la congregación ha puesto en marcha para facilitar el tránsito de un credo a otro, emulando la liturgia pasada para atraer a su verdad a los indecisos. El proselitismo es una de las tareas principales de la Congregación que sabe que cuantos más fieles se cobijen bajo su manto mayor será su poder.
 
HERMANOS MENORES DE LA PROMESA
Los Hermanos Menores de la Promesa son una orden que predica un Promesa más amable y justa. Pese a que nacieron en el seno de la Congregación de la Verdadera Promesa el gran Koktenci los ha condenado por herejes y son perseguidos en aquellos lugares en los que tiene influencia. Todo ello no ha sido obstaculo para que estos hagan llegar su voz de la Promesa a muchos lugares y que cada vez más fieles les entreguen su corazón.
 
La voz de la Promesa con la que los Hermanos Menores predican habla de un creador amable y gentil y de un mundo donde el dolor y la pena deben ser combatidos y no solo soportados. Resignarse ante las adversidades y considerarlas voluntad divina no es una opción. Cualquier injusticia debe ser combatida como contraria a la verdad del creador pero para ello nunca debe emplearse la violencia. El amor fraternal, junto a la igualdad y la compasión son la base del credo.
 
Los monjes de los Hermanos Menores nunca se asocian con el poder y siempre se posicionan del lado de los débiles pues si alguien necesita protección y ayuda son estos. Su entrega a los fieles es total, incluso arriesgando su propia vida y su paraíso está abierto a todos sin distinción de raza o posición. Son los Hermanos Menores los que más se han adentrado en Karuchaqana y los que han alcanzado los lugares más remotos. Conviven muchas veces con los locales pues consideran su aceptación en la comunidad y su participación activa en las obligaciones que la misma impone como parte de su función misionera.
 
Según está corriente los pecados pueden expiarse con la penitencia pero las impuestas por este credo suelen ser duras y se basan en el sacrificio en pro de los demás. Las ofrendas se realizan por piedad no para obtener el perdón pues el creador no necesita de bienes y los sacerdotes viven una vida austera. El voto de pobreza no es obligatorio para el clero pero si es habitual en especial entre aquellos que sirven entre las castas menos favorecidas.
 
Los Hermanos Menores no creen en los justos ni en los milagros, su obra es mundana y el creador observa y juzga pero no participa de lo que ocurre en Entom. Solo en el propio interior se puede encontrar refugio. Solo el propio esfuerzo y entrega proporcionan una recompensa verdadera.

03 noviembre 2014

Hijos del Dios Sol - Cultos - Los Espíritus

LOS ESPÍRITUS
Para la mayoría de las culturas, las prácticas de los espíritus no son como los cultos a los dioses. Cuando se adora a un dios en un templo, es para solicitar algún favor que puede ser garantizado por el poderoso ser divino. Sin embargo el propósito del culto a los espíritus no es el de conseguir favores, sino para cumplir con el deber filial de uno. Algunas especies creen que sus antepasados necesitan ser provistos por sus descendientes. Otras no creen que los antepasados estén preocupados por lo que sus descendientes hacen por ellos, sino que la expresión de piedad filial es lo importante. No importaría si el antepasado recibe o no lo que se le ofrece.
 
Los cultos a los espíritus están basados en la creencia que los miembros de la familia que han muerto tienen una nueva existencia, se interesan por los asuntos del mundo y poseen la habilidad de influir en la suerte de los vivos.
 
Todas estas culturas le dan un significado ritual a la muerte de los seres queridos. La meta del culto es asegurar el bienestar en la nueva existencia de los antepasados y su buena disposición hacia los vivos y, a veces, pedir algún tipo de favor o ayuda.
 
La función social del culto a los espíritus es cultivar valores familiares, como la piedad filial, lealtad a la familia y continuidad del linaje.
 
HUIPA
Al espíritu de un individuo muerto algunas tribus del interior de la selva lo llaman huipa, en contraposición de los goeiza, los espíritus de los vivos. Los huipa están destinados a vivir en un paraíso terrenal que recibe muchos nombres pero no todos lo alcanzan. Aquellos que han cometido muchas maldades, que no han sido justos ni han procurado el bien de sus semejantes cargan a su huipa con una pesada rémora que muchas veces les impide realizar el viaje.
 
Si bien los goeiza tienen una forma clara tras la muerte pierde tal y  es libre de tomar la que desee. En ocasiones se aparecen como si de individuos vivos se trataran aunque son claramente distinguibles por el vacío de su mirada. Tienen costumbres nocturnas y son temidos pues si pecaron en vida más lo harán tras la muerte.
 
Estas presencias confieren al bohíque, médico brujo, grandes poderes, al ser este el encargado de apaciguarlos y el único capaz de comunicarse con los espíritus. Para este fin se confeccionan ídolos de algodón, piedra, hueso, concha y otros materiales, que reciben el nombre de cemíes.  Los cemíes tienen poder tanto sobre los vivos como los muertos. Ahuyentan a los malos espíritus o incluso los capturan si se usan de forma correcta y pueden después liberarse cuando resulten de utilidad.
 
En muchas ocasiones de emplean estos  amuletos para apresar los huipa de los antepasados de forma que su viaje al paraíso se retrase y puedan favorecer a su familia. Los bohíques más duchos pueden incluso encerrar goeiza de árboles, rocas o individuos vivos en un cemí y otorgar al portador la fuerza o virtudes de este.
 
IVI ATUA
Para los chutu waqracha el alma es inmortal y pervive a la muerte del cuerpo. No solo eso sino que su influencia en el mundo de los vivos es indiscutible. Tal es el poder de los antepasados que no hay duda alguna de que
acudirá en ayuda de sus herederos o familiares más cercanos en caso de que ellos lo requieran.
 
Los chutu waqracha creen que, una vez desprendido del cuerpo, el espíritu rondará por un tiempo a su familia antes de partir al mundo de los espíritus, muy lejos rumbo a levante de donde partieron hace tanto tiempo que nadie puede recordarlo. Durante uno o dos años, el cuerpo del difunto permanece envuelto en trozos vegetales. Tiempo después, ya concluida la descomposición, la calavera se desprende y se graba. Finalmente, los huesos se lavan y se depositan en una cámara de piedras donde el espíritu se encontraría con sus antepasados.
 
Pero no todos los espíritus regresan a levante. Los espíritus de aquellos que en vida violaron alguno de los tapu ancestrales, prohibiciones y preceptos relacionados con aquello que se considera sagrado, sin embargo deben permanecer cerca de sus lugares de residencia, escondidos durante el día, o encarnados en objetos y bestias. Por la noche salen a deambular por las vecindades adoptando terroríficas formas, cometiendo fechorías, robando, matando o atemorizando a los inquietos mortales.
 
Existen también los espíritus pícaros, pecadores de tapu menores, como la lascivia, la gula o la maledicencia, y los hay también bondadosos, que han robado para proveer de sustento a sus familias en épocas difíciles. Todos estos comparten esta supervivencia nocturna, merodeando, y sus parientes, a pesar del temor, reciben sus bendiciones.
 
Con todo no hay mayor prueba de nobleza para un chutu waqracha que ser capaz de recitar los nombres de sus antepasados remontándose si es posible hasta aquel que partiera de la tierra originaria de levante en la gran flota que los trasladó hasta las Chakapwasiwatana. En honor de estos grandes individuos se erigen enormes esculturas que siembran las islas desplegando enormes sombras.
 
Esta creencia en los espíritus de los antepasados no quiere decir que los chutu waqracha no tengan dioses. Make-Make es el dios creador, el dios supremo y aquel que es omnipotente, aquel que les dio vida en levante y al que regresan tras la muerte. 
 
Los sacerdotes son los encargados de mediar entre los espíritus de los difuntos y los vivos y también el que prepara a los primeros para su nueva vida.