Historias del Concilio pretende dejar testimonio de casi treinta años de dados y rol.

En 1991 compré mi primer juego de rol. Fue El Señor de los Anillos, el juego de rol de la Tierra Media, traducido, publicado y distribuido en septiembre de 1989 por la editorial barcelonesa Joc Internacional. Era un libro de “tapa dura” con una ilustración de Angus McBride en la portada. Desde entonces y hasta hoy han pasado por mis manos literalmente docenas de manuales y entre mis amigos y yo hemos hecho rodar, literalmente, decenas de miles de dados de múltiples caras.

En 2011 hizo veinte años de nuestra primera partida y, puesto que ahora apenas si tenemos la oportunidad de quedar un par de veces al año, decidí embarcarme en el proyecto de rescatar algunas de las historias que durante este tiempo he compartido con ellos para, tras darles un formato digno, compartirlas con quien quiera leerlas. Me he propuesto publicar una aventura o módulo cada trimestre alternándolos con otras entradas sobre mi pasado, y escaso presente, como jugador y director de juego. Algunos de los módulos serán algo viejunos. Los hay bastante elaborados y otros muy sencillos. Más largos y completos o meras escenas, casi eventos para una partida rápida. Si alguien se reconoce en una de estas historias, gracias por haberlas jugado conmigo y bienvenido.

08 septiembre 2014

Hijos del Dios Sol - Más Allá de la Ciudad Sagrada - Los Kumihin

LOS KUMIHIN
Algunos pallaysu llaman a los kumihin los sikimira blancos y estos los consideran un pueblo hermano venido a menos. Desde luego esa no es la imagen que de ellos mismos tienen los kumihin. Abnegados y estrictos, con un fuerte sentimiento de comunidad y pertenencia y unas sociedades organizadas y bien estructuradas los habitantes de los Anti de Hurin son también una cultura belicosa y guerrera siempre inmersos en interminables guerras civiles que enfrenta a sus reinas un ciclo tras otro sin que ninguna llegue nunca a imponerse sobre las demás.
 
SEÑORES DE HURIN
Sesenta reinas kumihin han dado vida a otras tantas comunidades que arribaron a Hurin en los días de júbilo antes de la ira de Inti. Los sikimira aseguran que el color y decadencia de los kumihin fueron causados por la presteza que se dieron en abandonar el paraíso. Las leyendas cuentan que en los primeros días, cunado Inti brillaba con intensidad en levante y las generaciones se sucedían siempre bajo la bendición de una estación dorada eterna los kumihin dominaron todo Karuchaqana pero la primera Rit'ijina, la que sucedió a la caída del puente y la expulsión de los hijos del Dios Sol del Gran Paitití, los diezmó de tal forma que quedaron arrinconados en los altos y laderas de la gran cordillera de Hurin. Desde entonces las reinas rivalizan entre ellas por la supremacía en un conflicto sin fin en la que las alianzas cambian de una generación a otra. 
 
Aunque las reinas son celosas defensoras de su independencia las confederaciones son la estructura más común pues de forma constante necesitan unirse para comerciar, ejecutar obras o aliarse para guerrear. La guerra en realidad juega un papel fundamental en la articulación confederal y a menudo las reinas más débiles se aproximan a las más fuertes para conseguir protección o beneficios militares.
 
La reina dominante dentro de una confederación respeta el gobierno autónomo de las subordinadas y es garante de la integridad territorial de todas las comunidades. Se convierte en el máximo jefe militar y en el detentador final y principal beneficiario de un sistema tributario complejo. 
 
Cuatro confederaciones se enfrentan por el dominio de Hurin. De estas la confederación Zipa es la más poderosa con hasta treinta reinas unidas en una causa común. Le siguen las confederaciones Zaque, Tundama e Iraca, además de un grupo de alrededor de una docena de reinas autónomas. 
 
La belicosa actitud de las reinas kumihin las empuja no solo a enfrentarse entre sí sino también con los pueblos que circundan sus territorios. Los pocos sikimira que se han instalado en Hurin, los sach’aruna de las selvas y la costa han sufrido su ira y violencia. Pese a ello los kumihin no toman esclavos pues confían en su fuerza y su virtud.
 
LA CONFEDERACÍON ZIPA
Han transcurrido casi veinte generaciones desde que la confederación Zipa y las fuerzas de la confederación Zaque se enfrentaran en la batalla de Chocontá. Treinta mil kumihin combatieron ese día y ambos ejércitos se retiraron tras la muerte de sus grandes capitanes, los sybintiba, sin que hubiera un vencedor claro. Desde entonces la reina Zipa ha unido a su alrededor la mayor de las confederaciones kumihin jamás reunidas y parece dispuesta a terminar lo que en Chocontá no pudo conseguir.
 
Las reinas que rinden tributo a Zipa se reparten por todo el Anti de Hurin en ocasiones sin que entre sus territorios haya continuidad física. Las ciudades de barro y caña son el núcleo de cada una de las comunidades confederadas y la sede desde la que gobierna cada una de las reinas junto a su corte de capitanes y administradores.
 
La legislación kumihin está basada en la fuerza de la tradición que convierte a un determinado comportamiento, más o menos aceptado por el común y aprobado por la autoridad en ley. Pero la reina Zipa es más ambiciosa que eso y ha empezado a tipificar faltas y delitos y a dictar normas estrictas que sus muchos súbditos deben obedecer. La rígida sociedad kumihin en la que sus castas no se mezclan y en la que cada cual tiene una misión y cometido al que ceñirse se ha enriquecido con tales innovaciones.
 
La economía de la confederación gira alrededor del cultivo de la sara y la apharuma además de la quinua y el algodón. Los recursos pertenecen a la comunidad y no a un individuo concreto. Lo que la tierra produce, los bosques ofrecen o los ríos proveen se entrega a la reina y su corte que lo distribuye entre los miembros según sea su posición y desempeño.
 
Excelentes orfebres  y tejedores los mercados de las ciudades hierven con de actividad y los mercaderes de un comunidad se desplazan a las vecinas para intercambiar tejidos, cerámicas, sal o las preciada esmeraldas. Algunos comerciantes viajan incluso más allá para intercambiar bienes con los sach’aruna o en los mercados de Chakapuma, la ciudad sagrada, desde la que importan oro y cobre. Los mercaderes kumihin emplean la sal, las esmeraldas o incluso el algodón como equivalente monetario para facilitar el trueque.
 
La reina Zipa viaja cada generación a la ciudad de Suamoq donde se encuentra el principal templo del Dios Sol, al que los kumihin conocen como Xue,  para ofrecerle sus ofrendas y solicitar su bendición. Allí los sacerdotes ofician sacrificios de animales y también de individuos escogidos de entre los fieles de la reina como regalo a Xue. Suamoq es un territorio sagrado regentado por sacerdotes originarios de todas las comunidades kumihin que han sido ofrecidos al Templo del Sol como presente y que son formados para servir a Xue y orar por su regreso a Entom. No pertenece a ninguna confederación ni debe tributo a ninguna reina si bien algunos de los sacerdotes regresan junto a sus madres una vez formados en el gran templo para ofrecerles su sabiduría y consejo. 
 
Templo menores coronan las ciudades kumihin y en ellos los fieles ruegan por una vida justa y digna en la que su entrega a la comunidad sea eficaz.
 
No hay esclavos en los territorios de la reina Zipa, ni extranjeros tampoco. Los viajeros son observados con recelo y solo los mercaderes sikimira pueden sentirse seguros. Las comunidades confederadas son proteccionistas y poco dispuestas a compartir con los foráneos. Ni siquiera los misioneros wayrurongo han tenido fortuna y sus palabras amables de caridad y amor fraternal han sido recibidas con piedras y palos.
 
LA CONFEDERACÍON ZAQUE
Debilitada por las pérdidas sufridas en el campo de batalla de Chocontá y por las defecciones sufridas tras esta la confederación Zaque ha perdido fuerza y se enfrenta a la cada vez más amenazante  pujanza de su rival Zipa.
 
Las reinas confederadas ocupan los territorios norteños del Anti de Hurin. Los más próximos a Chakapuma y Hanan.
 
Estas comunidades agrícolas han construido un complejo sistema de regadíos con la intención de multiplicar sus cosechas pero sin duda sus dos principales recursos son las minas de esmeraldas l de Tausa y el gran mercado de Hunza, la ciudad sede del Zaque. El mercado de Hunza es el mayor de los que pueden encontrarse en los territorios kumihin con diferencia y a él acuden comerciantes de todas las comunidades incluidos aquellos no confederados y hasta de comunidades Zipa ahora que la paz entre las dos confederaciones, aunque frágil, lo permite. Sara, sal, miel, frutas, granos y mantas se intercambian por plumas, cobre, algodón, caparazones y, sobre todo, por esmeraldas de Tausa. Hasta aquí viajan sikimira de la ciudad sagrada y algunos sach’aruna. Es incluso posible encontrar a pastores wayrurongo tratando de convertir a los locales o thamykachay regateando por una pieza de orfebrería.
 
Los kumihin de las comunidades confederadas bajo la reina Zaque son más tolerantes que la mayoría obligados en parte por la riqueza que el comercio les aporta. Tampoco toman esclavos pero si intercambian productos por trabajo con individuos de otras especies algunos de los cuales llegan a permanecer entre los kumihin por varias generaciones.
 
Aunque algunos creen que se trata de una leyenda hay quien afirma que en Chocontá un centenar de thamaychakay y pallaysu combatieron junto a los guerreros de la confederación Zaque.
 
Son también los kumihin de estas tierras los que más a menudo viajan al norte y pueden encontrarse en los mercados de Chakapuma o las ciudades sikimira del sur de Hanan.
 
Al igual que su hermana del norte la reina Zaque peregrina a Suamoq una vez cada generación para realizar sus ofrendas al Dios Sol y solicitar la bendición de este para los suyos. Los kumihin de la confederación Zaque veneran a Xue, el padre de todos ellos y los intentos de los misioneros wayrurongo, bienintencionados o no, han resultado infructuos.
 
OTRAS CULTURAS KUMIHIN
La confederación Zipa y la confederación Zaque son los dos actores principales de la cultura kumihin pero no son los únicos. Las confederaciones Tundama e Iraca controlan porciones relevantes de territorio en las Anti de Hurin y alrededor de una docena de reinas se mantienen fuera de este sistema de confederaciones. Incluso dentro de las confederaciones las distintas reinas cultivan diferencias que se manifiestan en sus comunidades por lo que queda a vuestro criterio tomar las anteriores y modificarlas como deseéis para dar lugar a nuevos grupos bien sea como lugar de origen de uno o varios personajes o como lugar de destino para todo el grupo. Estas comunidades menores agrupan a veces solo a unos cientos de individuos pero las hay que controlan a miles. Su nivel de desarrollo es normalmente inferior a las grandes familias de Zipa y Zaque lo que supone unas estructuras sociales más sencillas y unas posibilidades económicas y militares menores. 
 
Los valles, selvas, mesetas y llanos costeros de la mitad oriental de Hurin están controlados casi en exclusiva por los kumihin lo que os ofrece un elenco de opciones muy variado en cuanto a posibles orígenes, motivaciones y expectativas con los que vestir las comunidades que creéis.
 
La agricultura, la pesca y la ganadería forman la base de cualquier economía kumihin y aunque quizá sus artesanos no puedan rivalizar con los de Hunza, o Chakapuma si es probable que produzcan piezas de cierto valor. 
 
La mayoría de las sociedades kumihin practican cultos que tienen su origen en el Mito de Inti vinculados al templo de Suamoq aunque hay variaciones y singularidades que las distinguen una de otra. 
 
Las pequeñas comunidades kumihin suelen ser endogámicas y poco dispuestas al trato con los foráneos pues en la violenta historia de esta región de Karuchaqana les obliga a estar prevenidos.

01 septiembre 2014

Hijos del Dios Sol - Más Allá de la Ciudad Sagrada - Los Chutu Waqracha

LOS CHUTU WAQRACHA
Los chutu waqracha pueden trazar su estirpe muchas generaciones atrás, recitando de memoria los nombres de su padre, el padre de este y el de aquel en una interminable serie de nombres y títulos que parece no tener fin. Algunos aseguran incluso poder retroceder hasta aquel de sus antepasados que dejó en los días jóvenes el Gran Paitití para hacerse a la mar y asentarse en la Chakapwasiwatana, las islas que sostenían el gran puente que sobre el océano conectaba el paraíso con Karuchaqana. Sea cierto es tono no lo que es indiscutible es que los chutu waqracha hicieron de estas islas su hogar hace tanto tiempo que ya no se pueden entender esta sin su presencia.

LA PLAGA
Los recién llegados encontraron un mundo virgen y seguro. En cada una de las islas se asentó un ariki, uno de los grandes líderes que según la tradición había guiado a una comunidad directamente desde el Gran Paitití a través del océano, y este dividió su porción de mundo entre los clanes que le eran fieles otorgándoles un territorio.

Las sociedades chutu waqracha estaban fuertemente estratificadas y se asentaron en el interior junto a las áreas de cultivo. En el litoral establecieron centros de  religiosos y ceremoniales en la que rendían culto a los antepasados que se hicieron dignos de ello levantando gigantescas esculturas de piedra en su nombre y altares de mampostería.

En las islas de mayor tamaño, que son también las más alejadas de Karuchaqana todavía sobreviven estas costumbres pero en las menores la población creció sin freno y los bosques fueron talados para aumentar el área de cultivo, producir leña, madera para las canoas y utensilios hasta el punto de hacer desaparecer hasta el último de los árboles, la tierra a la que no se podía dar descanso produjo cosechas cada vez más pequeñas, los animales se cazaron hasta extinguirlos y el hambre y la carestía golpeó a los isleños incluso en las estaciones de supuesta abundancia haciendo colapsar su sociedad.

Los habitantes de estas islas se enzarzaron en una serie de guerras civiles y finalmente pusieron sus ojos en occidente tal y como hicieron sus antepasados y navegaron hasta Hanan y Hurin para tomar allí lo que no podían conseguir en su hogar. Es a estos chutu waqracha a los que en el continente se les conoce como la plaga. Los barbaros y salvajes que asolan la costa oriental, robando, saqueando y matando sin piedad ni mesura.

 HANAU MOMOKO
Aquellas de las Chakapwasiwatana más próximas a Karuchaqana son también las más pequeñas y las que más han sufrido la sobrepoblación. Son los chutu waqracha de estas islas, conocidos como los Hanau Momoko, los que han puesto sus ojos en las poblaciones ribereñas de Hanan y Hurin.

En su retiro insular mantienen una existencia no muy distinta a la de sus antepasados a los que tanto veneran. Cultivan la apharuma y otros tubérculos, crían quwis y pilis, pescan y comercian con las islas vecinas. Pero su supervivencia no sería posible sin las expediciones a Karuchaqana que cada chutu waqracha, varón o hembra, debe realizar dos veces en su vida. Puesto que tienen poco que ofrecer hace tiempo que decidieron tomar por la fuerza aquello que necesitan sin respetar ni a propios ni a extraños.

Los grandes catamaranes viajan hasta el continente en busca de grano y madera, animales, tejidos y otras materias primas. No buscan oro ni piedras preciosas. No son riquezas lo que desean atesorar ni lo que motiva sus incursiones, es la necesidad básica de la subsistencia de su comunidad. La aparición de sus velas en el horizonte es suficiente para atemorizar a cualquier habitante de Hanan o Hurin y sus grandes cuerpos decorados con pinturas de guerra son temidos a lo largo de toda la costa. 


Sus sociedades se han adelgazado durante este tiempo, muchos de los antiguos caciques han caído e incluso en algún caso el culto a los antepasados ha sido dejado de lado y sustituido por otros nuevos dedicados al mar y la guerra. Ningún wayrurongo ha navegado tan al este como para ver las Chakapwasiwatana por lo que la palabra de la Promesa no ha llegado hasta ellos. Si hay sin  embargo Hanau Monoko que han pasado parte de su vida sirviendo a señores sikimira como mercenarios o esclavos en el continente y que al regresar han traído con ellos la historia de Inti y la han integrado a su cultura local. 

HANAU EEPE
Los chutu waqracha que habitan las que se cree son las porciones de tierra más próximas a lo que en su día fuera el paraíso de Inti conservan la cultura de los primeros colonos. Se les conoce como los Hanau Eepe y sus islas han resultado lo suficientemente grandes y ricas como para que  la presencia de estas civilizaciones no las hiciera colapsar.

Los Hanau Eepe han construido una sociedad aristocrática. La población se divide en grandes tribus independientes entre sí, cuyos antepasados respectivos son los míticos navegantes de la gran migración oceánica. Cada tribu, que llevaban el nombre de una de las canoas de la flota primigenia (arawa, aotea, matatua, tainu…) se divide a su vez en tribus secundarias conocidas como hapu. Si bien en sus inicios basaron su economía en la caza y recolección han evolucionado hasta formar una sociedad agrícola con distintos poblados fortificados independientes entre sí.

Cada tribu está liderada por un ariki, descendiente de una larga lista de nobles antepasados, cuya  importancia y prestigio dependen de la antigüedad de su árbol genealógico.

Tras los ariki los segundos en poder son los sacerdotes tohunga, cuyo rol como guías espirituales los convierte en individuos de gran influencia. Les corresponde prever los destinos de la tribu, alejar los malos espíritus, defender de los sortilegios, purificar a los nuevos nacidos, ocuparse de las honras fúnebres, además de ejercer de astrólogos, botánicos, poetas, historiadores y preceptores de los jóvenes jefes.

Los guerreros ocupan el eslabón siguiente y tras ellos se encuentran el grueso de la población. A pesar de esta estructuración tan precisa de poderes y deberes, la autoridad de los jefes no es absoluta. Son consultados sobre todos los temas relevantes que afectan a la tribu pero sus decisiones no son necesariamente observadas. Sólo si posee una fuerte personalidad, y si está apoyado por la influencia mística del tohunga, un jefe logra disponer un poder efectivo y real.

La proximidad de los Hanau Momoko ha convertido a los Hanau Eepe en guerreros en alerta constante pues ellos son también objeto de incursiones y ataques que en ocasiones pueden tener como objeto no solo capturar bienes si no también individuos de un sexo u otro cuando el número de estos no es suficiente para la subsistencia de una comunidad Momoko.

Los Hanau Eepe apenas han tenido contacto con otras especies desde los días de júbilo. Para muchos la mera existencia de Karuchaqana es una fantasía y un cuento para infantes. El tiempo para estos chutu waqracha se detuvo hace ciclos y si bien sufren la furia de la Rit'ijina de la misma forma que el resto de los habitantes de Entom se diría que en cierta forma viven en un mundo totalmente distinto.

24 agosto 2014

Hijos del Dios Sol - Más Allá de la Ciudad Sagrada - Los Pallaysu

LOS PALLAYSU
Los dóciles y sencillos pallaysu son la única especie sobre Karuchaqana que iguala  en número a los sikimira, pero sus limitaciones les impiden rivalizar con estos. Sin ambiciones, estas criaturas viven en comunidades pequeñas y apartadas, desplazados de las tierras más fértiles por los mucho más capaces sikimira. Eso cuando no trabajan directamente para estos como esclavos sin derechos. Ciertamente algunos de ellos incluso agradecen esa vida miserable que les libera de los peligros de las selvas y les ofrece comida y refugio. El precio que pagan por ello sin embargo es extremadamente alto.

Los pallaysu se reproducen rápidamente y su población crece a un ritmo vertiginoso solo limitado por los recursos a su alcance. Son los grandes triunfadores de las estaciones azul y verde pero también los primeros que sufren el declinar del sol.

Humildes en todos los aspectos ya sea en libertad o cautiverio viven vidas sencillas alejadas de grandes ideales u objetivos. Solo algunos individuos sobresalientes han recibido del Dios Sol el don de la curiosidad y el deseo de prosperar.

ESCLAVITUD
Los sikimira son una especia capaz y disciplinada pero su población crece despacio lo que limita desarrollo. La esclavitud es parte esencial de la economía de estas comunidades sikimira que necesitan de mano de obra para prosperar  y los pallaysu son su presa preferida. En algunos casos los esclavos son tan importantes que sin ellos estas comunidades no podrían sobrevivir.

Los esclavos llevan a cabo tantas tareas de tan diversos ámbitos que sería imposible enumerarlas todas. Agricultores, ganaderos, mineros, pescadores, constructores, tenderos, artesanos, guardias, soldados, administradores, poetas e incluso amantes, no hay prácticamente ninguna profesión, salvo las relativas al gobierno, que no lleve a cabo algún esclavo en alguna parte de Karuchaqana.

En lo que respecta a sus derechos, no tienen, como cabría esperar, casi ninguno. Aunque su nivel de vida puede variar mucho (hay esclavos domésticos que viven rodeados de más comodidades que muchos sikimira, todos ellos son considerados propiedad de sus dueños, como podría serlo un karhua o unas sandalias. Debido a esto, un sikimira tiene la potestad de matar a un esclavo que le importune, pero tendría que responder ante su amo por la pérdida económica que esta muerte le ha causado.

Aunque la vida de estos pobres diablos está en manos de sus amos, rara vez sufren su ira. Así como la mayoría de nosotros no le haríamos daño a un animal que viéramos por la calle, de igual
forma los sikimira harán lo propio al encontrarse con un esclavo. Es más, algunos incluso llegan a cogerles bastante cariño, aunque el sikimira medio ni siquiera les presta atención.

Los esclavos no tienen por qué pertenecer a un individuo en particular. Bien podrían ser propiedad de una familia, de un templo, del dios que adoran en él, de una reina o de su comunidad.

De hecho, un gran porcentaje de los esclavos pertenecen las comunidades ya se trate de imperios, señoríos, ciudadelas o templos, especialmente aquellos dedicados a cultivar los campos y atender el ganado.

Los esclavos pallaysu toman normalmente el credo y fe de sus amos y se integran en su estructura económica y social ocupando el escalafón más bajo de la misma. Son mansos y obedientes, nada rencorosos y muy agradecidos.

Los más dotados de entre los esclavos pallaysu muestran en ocasiones un afán por ganar su libertad o por reforzar su propia identidad que es desconocido en la mayoría. Estos rasgos son considerados peligrosos por los amos sikimira que tratan de apartar y eliminar a estos portadores del germen de la rebelión. Por ello muchas veces este anhelo secreto se esconde y cultiva en la oscuridad a la espera de una oportunidad para revelarlo.

SACH’ARUNA
Las comunidades libres de pallaysu son innumerables. Los Yechikin y Busin. Los Serankua, Windiwameina, Singunei, Zigta, Yeurwa, Gumuke, Yeiwin, Seiarukwingumu, Buyuaguenka, Simonorwa y cientos de otros pueblos  viven en las profundidades de las selvas de Hanan y Hurin, en las riveras occidentales del archipiélago y en los rincones ocultos a los que la civilización no ha llegado todavía. La mayor de ellos es quizá la de los Nabusimake que caza y recoleta en la rivera del gran río verde de Hanan.
A todos ellos sin distinción los sikimira los conocen como los sach’aruna, los salvajes.
Las comunidades son pequeñas y están dispersas aunque es relativamente común que se reúnan para efectuar intercambios o ceremonias. Trazan su linaje por línea matriarcal y suele ser la hembra de mayor edad la que dirige cada comunidad.
Sus economías son muy básicas centradas en la recolección y la caza. Algunas comunidades realizan pequeños cultivos de yuca o apharuma y producen alcohol haciendo fermentar grano de cereal silvestre. El nivel tecnológico es nimio y su artesanía sencilla y básica. Varones y hembras decoran sus cuerpos con pinturas y joyería de piedra, hueso o cascaras, apenas si visten ropas y caminan descalzos.

Los chamanes dirigen la vida espiritual de los sach’aruna cuyos mitos y creencias varían de comunidad en comunidad. Son populares los cultos a los antiguos, a las generaciones pasadas y los espíritus de los que murieron. En aquellas zonas en las que han tenido contacto con sikimira o kumihin algunos pueblos cultivan una u otra forma del Mito de Inti si bien estás suelen ser retorcidas y bastante distantes de las versiones más comunes.

Algunos misioneros wayrurongo se han asentado entre los sach’aruna y sus enseñanzas han cautivado a las primeras comunidades que oran al creador con la esperanza de una vida eterna.

Los sach’aruna recelan de los extranjeros, en especial de los sikimira a los que temen por encima de todo. Son tímidos y huidizos y tratan de evitar el contacto con los foráneos. Han sufrido la ira y ambición de las especies más capaces y temen verse sometidas por ellas y perder su libertad. 

18 agosto 2014

Hijos del Dios Sol - Más Allá de la Ciudad Sagrada - Los Sikimira Parte II

SEÑORÍOS DE ÑAWPA
Herederos de los primeros sikimira que arribaron a Karuchaqana la confederación de Señoríos de Ñawpa llegó a controlar prácticamente la totalidad de Hanan. Duramente golpeados por la Rit'ijina y arrinconados por la pujanza de los Hijos de la Primera Esposa del Sol a los que se han enfrentado en varias ocasiones este pueblo antiguo vive horas de penuria desplazado a los valles fértiles y ricos en recursos, bañados por ríos y torrentes, que salpican la costa de levante de Hanan.
 
Los rumores cuentan incluso que muchas de sus reinas han muerto sin haber engendrado herederas y que la comunidad corre el riesgo de desaparecer  sin nuevos individuos que la refuercen.
 
Los Señoríos de Ñawpa no conforman una unidad política única sino más bien una alianza de comunidades independientes con una base cultural común. Cada uno de los señoríos se organiza alrededor de un centro urbano de proporciones diversas que hace de sede de una reina y su corte formada por la nobleza y el clero.
 
Los diferentes señoríos administran desde la urbe pequeños poblados ruarles que pagan tributos en especie mediante los cuales se financia la economía de la administración. 
 
Las castas dirigentes ejercen con rigor el control del resto de la población en una estructura social fuertemente estratificada en la base de la cual están los esclavos, principalmente pallaysu o thamaykachay, que se hacen cargo de las tareas más pesadas y peligrosas.
 
La agricultura y la pesca son la base de la economía de los Señoríos de Ñawpa. El cultivo del sara y la apharuma han requerido de la construcción de depósitos y canales de regadío entre otras infraestructuras. También es común cría de la karhua y la paqucha de las que se obtienen lana y carne.
 
Aunque no emplean moneda y se limitan al truque los señoríos promueven el intercambio tanto entre las comunidades de la alianza como con otras culturas y especies alcanzando sus rutas desde las selvas hasta él altiplano y todas las costas de Karuchaqana tanto en Hanan como Hurin pues sus naves, conocidas como totora, no tienen parangón en el continente. Exportan tanto materias primas como productos artesanales de cerámica, metal y textiles que trabajan con maestría.
 
Como los Hijos de la Primera Esposa del Sol las comunidades de los Señoríos de Ñawpa rinden culto a Inti, el dios Sol, si bien las interpretaciones que del Mito de Inti se veneran difieren bastante de la de aquellos.
 
El principal credo, asumido por la mayoría de los señoríos, adora por igual a una triada de dioses compuesta por Pachakamaq el creador, Inti el benefactor y Vichama el vengador. Se conoce a estos dioses como los tres soles y coronan un panteón mucho más amplio poblado por otros menores de corte animista.
 
La influencia de los predicadores wayrurongo ha causado además que algunas comunidades menores  abandonen el culto de los Tres Soles y abracen el culto de la Promesa. Aunque el resto de señoríos observan con recelo a los que han asumido el culto importado por los wayrurongo este se tolera de forma distante.
 
El comercio ha convertido a la población de los Señoríos de Ñawpa en tolerante en lo que se refiere al resto de culturas sikimira e incluso al resto de especies. Pese a ello, aunque puedan ser tolerados, los extranjeros no son siempre bien recibidos. Los sikimira de los señoríos tienen un elevado concepto de ellos mismos, en especial las castas dominantes, y consideran al resto de especies como poco menos que salvajes.
 
Los Señoríos de Ñawpa se han enfrentado en diversas ocasiones durante las últimas estaciones con los Hijos de la Primera Esposa del Sol y ven con temor su pujanza que pone en riesgo su propia existencia. Por ello las relaciones con ellos son tensas y poco amistosas.
 
SIAN, LA CASA DE LA LUNA
Sian, la Casa de la Luna, es el nombre con el que se conoce a la gran urbe desde la que se administran los territorios de esta comunidad sikimira en alza. Los herederos de la luna llegaron a Karuchaqana en uno de los últimos éxodos conocidos y ocuparon la zona costera próxima al Quchanchik. Con el paso de las estaciones y los ciclos los herederos de la luna han ampliado su área de influencia sometiendo a otras culturas sikimira y, aunque su poder no se puede comparar al de los Hijos de la Primera Esposa del Sol, se han convertido en una de las mayores comunidades de Hanan.
 
Los herederos de la luna gestionan su comunidad a través de una red de centros urbanos rurales que se encargan de recaudar y remitir a Sian los tributos obtenidos en su área de influencia.
 
El estado se administra desde la capital que ostenta el monopolio de la gestión de los tributos, el almacenamiento, redistribución y consumo de bienes y productos. 
 
La sociedad está fuertemente estratificada en castas la más amplia de las cuales se dedica a la pesca, agricultura, artesanía y comercio mientras las superiores se encargan de la administración política y religiosa. Al contrario que en otras culturas sikimira los herederos de la luna no tienen una única reina si no un grupo de ellas sin poder político real. Es el clero el que rige los designios de la comunidad mientras cuida de las reinas como si de un bien más de esta se tratara. 
 
En los territorios bajo la tutela de Sian, al igual que en el resto de a Karuchaqana, el cultivo principal es el del sara y la apharuma  Como el resto de culturas sikimira los herederos de la luna han perfeccionado las técnicas agrícolas necesarias y han invertido en la construcción de infraestructuras muy necesarias en esta zona costera semidesértica. La cría de la karhua y la paqucha son igualmente representativas como lo es la pesca en el Quchanchik.
 
Los herederos de la luna pagan tributos en especie que se envían a Sian. En la capital, además de la corte y la administración, viven miles de artesanos que transforman las materias primas que se remiten como tributos en productos elaborados. A los artesanos se les prohíbe cambiar de profesión, y se agrupan en la ciudadela de acuerdo a su área de especialización. 
 
Los productos elaborados se distribuyen de nuevo por el territorio o se exportan en caravanas para intercambiarlos por nuevas materias primas. Los herederos de la luna han creado un sistema monetario sencillo que usa como base unas pequeñas piezas rectangulares de cobre. Estas son las únicas monedas que se conocen en Karuchaqana.
 
Al igual que el resto de culturas sikimira los herederos de la luna han construido un credo alrededor de una interpretación particular del Mito de Inti. Los herederos de la luna sin embargo consideran a Inti un dios destructor  e iracundo y dedican su culto principal a su hermana Khilla, la luna. La luna es la protectora que los salvó de la ira de Inti, les ofrece luz cuando esté les evita, marca el ritmo del tiempo, alborota el mar y crea las tempestades.
 
Junto a Khilla e Inti, los herederos de la luna rinden culto a otros dioses menores vinculados al mar, la tierra o las estrellas.
 
Algunos de los pueblos sometidos al control de la Casa de la Luna conservan su credo propio aunque no se permite colocar a Khilla en un lugar inferior al de ninguna otra deidad. Los predicadores wayrurongo no han tenido mucho éxito entre los herederos de la luna pero lo cierto es que algunos individuos si han asumido el culto de la Promesa compatibilizándolo con el propio.
 
La Casa de la Luna mantiene una actitud abierta hacía el resto de sikimira pero trata a las demás especies como seres inferiores. Incluso los wayrurongo son tratados con desdén. 
 
De todas formas un heredero de la luna no desperdicia un buen trato por muy inferior o despreciable que sea el ofertante.
 
Las élites de la Sian no ven con buenos ojos la expansión del imperio de los Hijos de la Primera Esposa del Sol y se muestran suspicaces ante su pujanza.
 
OTRAS CULTURAS SIKIMIRA
Muchas otras comunidades sikimira habitan Karuchaqana, algunas desde antes incluso de que los tres grandes imperios hubieran nacido. Las civilizaciones han florecido y muerto durante ciclos, muchas veces coincidiendo con la llegada de la Rit'ijina.  Algunas desaparecen para siempre mientras que otras sobreviven arrinconadas en algún lugar de Hanan esperando su oportunidad para resurgir. A la vez nuevas comunidades nacen en otros lugares cada vez que una reina se establece y rompe los lazos con su madre. Estas comunidades menores agrupan a veces solo a unos cientos de individuos pero las hay que controlan a miles. Su nivel de desarrollo es normalmente inferior a las tres grandes casas lo que supone unas estructuras sociales más sencillas y unas posibilidades económicas y militares menores. 
 
Estas comunidades se reparten por los valles, bosques y selvas tanto de la costa como de la cordillera  y el altiplano y no pocas veces su existencia se ve amenazada por la expansión de los grandes imperios.
 
Las comunidades menores suelen disponer de una estructura social muy sencilla con una casta dominante pequeña conformada por la reina y su sequito y una base que se dedica a las tareas productivas.
 
Las sociedades se rigen por normas por lo general poco complejas y suelen actuar en pro de un bien común. La agricultura, la pesca y la ganadería forman la bese de las culturas menores que no conocen o apenas practican el comercio. Suelen ser autosuficientes y la calidad de sus trabajos artesanos bastante pobre.
 
La mayoría de las sociedades practican cultos que tienen su origen en el Mito de Inti con interpretaciones variadas del mismo. Algunas, influenciadas por los misioneros wayrurongo han asumido el culto de la Promesa.
 
Las pequeñas comunidades sikimira suelen ser endogámicas y poco dispuestas al trato con los foráneos a los que temen pues suelen ser portadores de malas noticias.



11 agosto 2014

Hijos del Dios Sol - Más Allá de la Ciudad Sagrada - Los Sikimira Parte I


LOS SIKIMIRA
Ninguna otra especie en Karuchaqana ha llegado tan lejos como los sikimira. Ninguna otra ha construido un imperio mayor. Ninguna ha domesticado la tierra, los ríos e incluso las palabras con tanta virtud. Y nada de ello es casualidad porque los sikimira son los verdaderos hijos del Dios Sol y sus reinas y madres las esposas de este.

EL ORIGEN DE LA CIVILIZACIÓN
Si alguna especie puede arrogarse el título de señores de Karuchaqana estos son los sikimira. No solo controlan la ciudad sagrada de Chakapuma si no que son ellos los que han construidos los mayores imperios, los únicos capaces de sobrevivir a la Rit'ijina ciclo tras ciclo y renacer de sus cenizas para ocupar su lugar en el mundo. Cierto es que la estación blanca no respeta a nadie y que muchas reinas no sobreviven a ella. Cierto es igualmente que los señoríos y reinos caen una y otra vez para ser reemplazados por otros nuevos, pero no es menos cierto que ninguna otra especie ha demostrado la energía disciplina y constancia suficiente para renacer siempre con el mismo vigor.

Los sikimira son arrogantes y desprecian al resto de especies. Los consideran incapaces e indisciplinados. Mediocres. Indignos. Pero se apiadan de ellos y les ofrecen su guía hacía la verdadera fe a cambio de su trabajo como esclavos o siervos.
Son los sikimira los únicos que han construido comunidades lo suficientemente grandes para otorgarse el derecho a reclamar parte o la totalidad de Karuchaqana. Son los únicos que han levantado estructuras imponentes, caminos, canales, depósitos y templos. 

Su mayor aspiración no es otra que dignificar a su comunidad y hacerla digna del perdón de Inti. Que sus reinas crucen el gran puente y regresen al Gran Paitití para ocupar el puesto que les pertenece al lado del padre de todos ellos. 

Pero no todas las reinas ni todos los señores siguen el mismo sendero y muchas veces estos les llevan a un choque inevitable. Los sikimira son los creadores de la civilización, pero también de la guerra civilizada, de las intrigas, las luchas por el poder y la ambición. Hay miles de comunidades sikimira repartidas por todo Karuchaqana, algunas son tan pequeñas que solo incluyen a un centenar de individuos alrededor de su reina pero las hay tan grandes como para movilizar a millones.

HIJOS DE LA PRIMERA ESPOSA DEL SOL
Apenas nadie recuerda cuando llegaron a  Karuchaqana los Hijos de la Primera Esposa del Sol pero, pese a ello, son considerados unos advenedizos por muchas de las culturas sikimira.

Los Hijos de la Primera Esposa del Sol sin embargo se autoproclaman los verdaderos herederos de la esencia de la vida ofrecida por Inti a las criaturas de Entom. 

Tras superar con gran entereza la última Rit'ijina que debilitó a muchos de los demás pueblos de Karuchaqana los Hijos de la Primera Esposa del Sol han aprovechado la Anqa y Qumir para extender su área de influencia más allá de las faldas del Anti hasta convertirse en la más pujante de las culturas de Hanan. Muchos otros pueblos sikimira han acabado por  doblegarse ante ellos siendo asimilados de forma más o menos pacífica o sometidos por las armas.

Los Hijos de la Primera Esposa del Sol aseguran que su reina Warmi es la primera esposa del dios Sol a la que la bendición de Inti convirtió en inmortal. La reina es por tanto no solo el máximo gobernante sino que recibe también el trato de divinidad. La reina gobierna desde Qosqo junto a un séquito de consejeros y una compleja red de funcionarios dedicados a la eficiente administración del Imperio. En paralelo a estos una igualmente compleja jerarquía clerical completa las castas dominantes. 

La fuerza de los Hijos de la Primera Esposa del Sol reside en su capacidad para organizar el trabajo entre sus súbditos que no pagan tributos en especie si no en horas de su tiempo dedicadas a la comunidad. A tal efecto la comunidad se divide en colectivos de seis individuos con un líder a los que se denomina familias. Cada  familia dispone de una porción de tierra que trabajar y cada comunidad debe trabajar igualmente tierras comunales, tierras propiedad Inti y otras propiedad de la reina. El trabajo por la comunidad incluye no solo el trabajo de las tierras de la reina o de Inti si no también la dedicación a la construcción de obras civiles o infraestructuras. A cambio la administración provee a la comunidad  de aquello que no puede  conseguir por sus propios medios. La redistribución y reciprocidad son los conceptos básicos de la sociedad de los Hijos de la Primera Esposa del Sol y su entrega en pos de estos objetivos es total. 

El imperio de los Hijos de la Primera Esposa del Sol se sustenta sobre una explotación agrícola intensiva en la que destacan los cultivos del sara y la apharuma. La ganadería ocupa un lugar secundario siendo la karhua y la paqucha los animales más preciados. 

No existe la moneda y todo intercambio se realiza mediante trueque. De todas formas la economía del imperio es endogámica y evita el trato con otras culturas y sociedades pues las considera a todas impuras e indignas.

Los Hijos de la Primera Esposa del Sol aseguran que su reina es la primera esposa del dios sol. Se conoce este culto como el de la Primera Esposa del Sol y se trata por tanto de un credo basado en una interpretación particular del Mito de Inti en el que el dios Sol es la deidad principal, secundada por otras muchas menores.

Prácticamente la totalidad de la población observa el culto oficial si bien algunos de los pueblos asimilados o sometidos conservan sus creencias propias que son permitidas siempre y cuando no entren en conflicto con el culto oficial. 

Cualquier culto que ponga en duda los principios del culto de la Primera Esposa del Sol es considerado una herejía y se castiga a aquellos que no renieguen de tal.

Los Hijos de la Primera Esposa del Sol evitan al resto de culturas y especies tanto como les es posible pues en su credo ellos son los culpables de la expulsión de la Primera Esposa del paraíso de Paitití.

Al contrario que otras culturas sikimira no toman esclavos pallaysu ni thamaykachay. Tampoco comercian con otras culturas y se muestran desdeñosos y despectivos incluso con otros sikimira.

01 agosto 2014

Mensajeros de Enki - La Puerta de Ishtar - 2º Premio In Summo Ingenium 2014

El pasado fin de semana se fallaron los premios In Summo Ingenium 2014 y tuve la fortuna de que Mensajeros de Enki, el módulo para La Puerta de Ishtar que presenté al concurso, fuera galardonado con el segundo premio. Me siento halagado por tal reconocimiento. Tras más de veinte años escribiendo para mi grupo era la primera vez que sometía uno de mis textos al juicio de terceros. 


Podéis descargar todos los módulos presentados al concurso desde la página de In Summo Ingenium, incluido Mensajeros de Enki y el ganador, Corazón de Bronce.

Si lo preferís dejo al final de esta entrada un enlace para que descarguéis de forma directa Mensajeros de Enki.  

Descargar: Mensajeros de Enki.